viernes, 2 de octubre de 2009

Aun así, Madrid es grande

Aunque sólo sea porque hasta en la Plaza de Oriente tenemos a esos brasileiros, bandera en mano, celebrando la victoria. Porque en Madrid cabe de todo.

Y después de ver a Pelé, llorando, que quieren que les diga. Ya era hora de que las Olimpiadas fueran a Sudamérica. Se lo merecen.

La isla bajo el mar (quedarse con las ganas)


La isla bajo el mar tarda en coger fuerza. No es hasta el ecuador de la novela que Isabel Allende le insufla verdadera fuerza a la historia, esa fuerza a la altura de la de sus mejores libros. La historia se llega a poner tan interesante que cuando la Allende le pone el punto y final, te parece apresurado.

Tal vez el problema sea que Isabel Allende ha pretendido escribir un alegato contra la esclavitud, y que sin embargo la cosa ha devenido, de nuevo, una saga familiar en toda regla. La primera parte de la novela, la del alegato, es más que correcta. La segunda parte, cuando empiezan los verdaderos encuentros y desencuentros, las coincidencias y los avatares del destino, ya tan míticamente allendianos, la cosa se vuelve sublime. Y de pronto, zas, el final.

¿O será que ya tiene preparada una segunda parte? De ser así, este final estaría justificado, pero creo que sólo en parte. De qué sirve quedarse con las ganas si después de un año, dos, o tres, de espera, ya ni te acuerdas de eso, de que te quedaste con las ganas.

viernes, 25 de septiembre de 2009

La libertad (en las aulas)

A quienes quieran entender mi post sobre las hijas de Zapatero como una crítica política (me refiero a blogueros del PP y a periodistas de la COPE), allá ellos, pero el post no iba de eso. Lo de las hijas de Zapatero era una mera excusa para hablar de un problema educativo. Tal vez si les pongo otro ejemplo me entiendan:

Hoy mismo, en clase de Lengua con 1º de la ESO, ha salido a colación que "cupo" es la forma correcta para ese "cabió" que los chavales están acostumbrados a decir. Pero ellos se han negado en redondo a aceptar ese "cupo" como correcto. Me miraban como si estuviera loco, y por supuesto sé que en el futuro se van a negar a usar esa forma nueva que, si estuvieran acostumbrados a comportarse de un modo más humilde, habrían aceptado e incluso incorporado a su habla. Pero no es así. Ellos son como son, y nadie tiene por qué venir a cambirlos. Y menos un profesorucho de tres al cuarto.

No les culpo. La culpa no es de ellos. Es de unos padres que no dan ningún tipo de crédito a ese lugar al que van sus hijos todos los días. Es de una sociedad que ya jamás pone a esos chavales en su justo lugar (para lo bueno y para lo malo, porque tampoco les presta atención).

Otra cosa es que ese "cabió" se termine imponiendo antes o después. Las lenguas cambian, y eso no me importa. Es algo que hasta me gusta. El problema es otro. El problema es que lo que dice un profesor ya no tiene valor. Que nos tenemos que ganar ese respeto a base de chascarrillos, bromas y estrategias de negociación dignas de los diplomáticos en la ONU. Y no me importa. Es una parte de mi trabajo que como reto me estimula día a día. Ahora me toca buscar textos que capten su atención y en los que aparezca ese "cupo", para que lo acepten. Pero también estaría bien que esos chavales de 12 y 13 años de vez en cuando te dieran algo de crédito sólo por ser lo que eres, un profesor, y sin tener que ponerte a la altura de ellos. Aunque solo fuera para que el proceso educativo no se ralentizara tanto como para tener que perder tres clases leyendo textos en los que aparezca ese "cupo" que ya hasta a mí me produce extrañamiento.

La libertad (y las hijas de Zapatero)



Eduardo Álvarez dice en El Mundo que "se está vapuleando de forma cruel a estas dos adolescentes por la ropa que llevaban". Que si "acaso es un escándalo que dos adolescentes -sí, esa edad tan complicada- se sientan atraídas por la estética gótica". Que "parece como si media España se hubiera vuelto reaccionaria y quisiera cerrar los ojos ante la realidad". Que "cuando se tiene 14, 15 o 17 años, el look es una de las cosas más importantes y cada chaval expresa su personalidad y sus afinidades a través de la ropa que elige".

Todo eso es verdad. Vale. A todos nos ha dado por vestir de una manera estrafalaria de adolescentes, y yo soy el primero que levanto las cejas o me compadezco cuando veo a una niña de 14 años con vestido de encajes (que aún se ven, porque de todo tiene que haber). Es verdad que, cuando nos daba por vestir así, nuestros padres nos decían que íbamos hechos unos zarrapastrosos. Y la mayoría de las veces, claro está, lo que nos decían caía en saco roto. Nos salíamos con la nuestra. Para ir al instituto, para ir a la discoteca, para ir al botellón.

Pero también es verdad que había dos, tres o cuatro ocasiones al año en la que no sólo nos decían que íbamos indecentes, sino que nos obligaban directamente a vestir de otra manera. Así hoy no vas, decían. Eran grandes eventos: bodas, bautizos, algún encuentro especial, etc. Ocasiones contadas en la que los padres se nos imponían y nosotros nos teníamos que poner la chaqueta y ajustar la dichosa corbata. Al día siguiente, al botellón, podíamos volver a ponernos lo que nos diera la gana.

No era un trauma. Tampoco lo viví como una coacción a mi libertad. Lo que estaban haciendo en ese momento nuestros padres era obligarnos a socializarnos, a integrarnos en el mundo real, a hacernos respetar. Hoy, parece que es más importante la libertad del adolescente para expresarse, una libertad que llega hasta las máximas consecuencias.

Lo de la foto es una anécdota y ya está, por mucho que esté dando de sí. Me la suda lo que diga el PP, porque en realidad esto no tiene por qué desmerecer de Zapatero como gobernante, ni de España como país. Pero me parece a mí que sí le hace desmerecer como padre. Porque en el momento en que está dejando a sus hijas ir a ver a Obama como si fueran al botellón, les está negando el vivir ese momento en su verdadera dimensión social y hasta personal. Les está diciendo: vayáis donde vayáis no tenéis por qué cambiar de registro, pordéis ser tal cual sois. Y sí, eso suena muy bien, pero es esa libertad mal entendida la que hace que hoy en día sea imposible dar clases en los institutos, donde los chavales se comportan tal como son, igual que en casa; donde se niegan a corregir sus fallos de expresión (tanto escrita como oral) en la clase de Lengua, porque ellos son así y no tienen por qué cambiar. Claro, la educación está para moldear, o sea, para cambiar a la persona, para hacerla mejor. Pero hoy en día eso está en descrédito. El mensaje que impera ahora es que todo el mundo tiene derecho a ser como es, así de mediocre, así de burro, así de arrabalero. Y todo lo que nos digan los padres, todo lo que nos digan los profesores, todo lo que nos diga un policía en la calle, es un ataque directo a nuestra libertad.

Ahora son las propias hijas de Zapatero las que se tienen que encontrar por Internet toda esta colección fotográfica (desternillante, por cierto), y seguro que cuando se vean pensarán (tal vez no hoy, pero sí dentro de unos años) que su padre bien podría haberles dicho: hoy, así, no.




















miércoles, 23 de septiembre de 2009

Como en botica

Una alumna marroquí que habla con acento ecuatoriano. Un alumno colombiano con acento madrileño. Otros que ya no saben si sesear, cecear, o directamente negarse a leer en voz alta. Multitud de chavales que no saben estar sentados y sin hablar más de tres minutos, por más que lo intenten. Una chica de apenas 12 años, que se acaba de terminar, ante mi estupefacción, Yo, Claudio, y que ahora ya va a por Orgullo y prejuicio (vale, este mejor). Otros que apenas saben leer o escribir. Familias desestructuradas, con hijos que se suben por las paredes. Familias que tienen a sus hijos mimados. Madres que desisten, y desesperadas le piden ayuda al tutor, como si los entuertos de casa se pudieran arreglar en clase. Profesores que desprecian a los alumnos. Profesores que los quieren demasiado. Niños que corren y gritan por los pasillos. Gitanos dando palmas sin parar. Portazos, interrupciones, puertas que se abren y se cierran. Una cafetería de instituto que vende chucherías y más chucherías. Entre ellas, esos chicles que después los profes ya no saben cómo prohibir en clase. Los pokeros: diademas con lazo para ellas, crestas teñidas de rubio para ellos. Los pseudolatin kings: gorras, enormes camisetas, pantalones aún más grandes y gafas de sol falsas. Los teléfonos móviles. Daddy Yankee y Camarón de la Isla.

Toma melting pot. En mi instituto hay de todo, como en botica. No me digáis que no es divertido.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Apellidos ganadores

En Argentina y Chile: González
En Costa Rica: Jiménez
En España: García
En Guatemala: Pérez
En Honduras: López
En México : Rodríguez
En Francia, Herrera está en quinto lugar.
Y en Estados Unidos, García es el octavo y Rodríguez el noveno.

Por un lado puede parecer motivo de orgullo, especialmente para los que tengan alguno de estos apellidos. Pero por otro, ¿no les parece que demasiada gente se llama igual?

jueves, 17 de septiembre de 2009

Para Felix (para Luis, para Vicky), Isabel Allende

Hoy he estado en la presentación del nuevo libro de la Allende, La isla bajo el mar. Ha estado -como en todas las entrevistas que de ella había visto antes en youtube- divertida y altanera, pero cercana a la vez. Esta tía es la caña.

Pero lo mejor ha sido estar en la sala, poco minutos antes de que empezara el evento, y ver entrar a dos de mis alumnos. Y compartir con ellos la misma cola (o el mismo mogollón de gente) para la firma de libros después de la presentación. Ver que esa pequeña semilla que quieres sembrar día a día en tus clases de lengua da su fruto, eso es un subidón.