martes, 18 de noviembre de 2008

¡Quiero ser un vampiro!

“Hay tres cosas de las que estoy
completamente segura.
Primera, Edward es un vampiro.
Segunda, una parte de él
se muere por beber mi sangre.
Y tercera, estoy total y
perdidamente enamorada de él.”

Esto es lo que reza la contraportada del libro (del único libro, aparte de los de texto) más paseado por las adolescentes en los pasillos de mi instituto. El libro es gordo y forma además parte de una tetralogía en que las otras partes son iguales de gordas. Y este resumen de contraportada, es verdad, da como risa. Yo, cuando les pillo el libro a mis alumnas, lo leo impostando la voz primero con grandes suspiros y luego soltando estentóreas carcajadas despectivas. Pero por dentro pienso: "quién tuviera quince años para hincarle el diente a esto". La vergüenza torera me impide leerme el libro ahora, y sospecho que si lo leyera, a mis treinta años, más de un pasaje me haría enrojecer del ridículo. Pero estoy casi seguro de con quince, otro gallo me hubiera cantado.



Porque en mi época no tuvimos ni crepúsculos ni eclipses, ni lunas nuevas, ni amaneceres, pero sí que tuvimos a la loca de Anne Rice, que nos regaló unas crónicas vampíricas jugosas jugosas (las cuales terminaron siendo un delirio, pero eso ya qué importaba). Recuerdo que Entrevista con el vampiro, leyendo en mi cuarto de adolescente, me lo terminé a las 7 de la mañana. La Rice reinventó el mito de los vampiros de una manera que me tuvo dos noches seguidas sin dormir. Después vino la película en forma de gran decepción, porque la vi apenas unos días después de terminar el libro y claro, eso no se hace, primero hay que descontaminarse. (La verdad es que la película es, juzgada con distancia, bastante buena). Pero a lo que iba. Tras el primer libro, me zambullí en una segunda parte, Lestat, el vampiro, menos profunda, menos sentida, pero sí mucho más divertida que la primera. Creo que ésta me la he llegado a releer luego hasta dos veces más (y sí, ya lo sé, todo eso mientras el Quijote seguía en la estantería muerto de risa, espero que alguien me absuelva de ese pecado). La tercera parte, La reina de los condenados, era ya un despiporre descarao, a ratos bastante coñazo, en el que a la Rice se le fue un poco la cabeza. Más partes se fueron añadiendo luego a la trilogía original, ésas ya infumables del todo. Pero aun así el camino vampírico mereció la pena. Y la obsesión echó raíces.



Vamos, que me tiré gran parte de la adolescencia imaginándome un vampiro doliente, al estilo del taciturno Louis, y aún a veces me lo sigo imaginando, si bien, tristemente, cada vez menos. Es lo que tiene hacerse mayor. Ésa es la putada. Por eso, cuando veo a los chavales pasear los libracos de estos nuevos vampiros ideados por Stephenie Meyer, por muy petardos que parezcan los libros, no puedo evitar sentir esa punzada de nostalgia, y a la vez la alegría de saber que los tiempos no han cambiado tanto. Ellos, como yo lo quise, también quieren ahora ser vampiros.

Pronto toca explicarles a los de 4º de la ESO el Romanticismo. A unos chavales que cada vez veo más lánguidos, más de vuelta de todo, más del rollo "emo" y más vampíricos que nunca. Si no entienden el espíritu romántico, aunque sea a grandes rasgos, estará claro que la culpa será mía, porque para románticos (románticos insoportables, pero románticos al cabo), ellos.

Y ahora, les dejo con el trailer de Twilight, la versión en cine que ya está al caer y que, ahora sí, no pienso perderme por nada del mundo:

Llena eres de gracia



Ya están los anuncios por todo Madrid, y no, no me refiero al Cortylandia, sino a la Gran Vigilia de la Inmaculada. Una cita ineludible que, en olor de multitudes (porque los kikos se lo montan que te cagas), estará presidida ni más ni menos que por Rouquito. Pues ea, a cantarle a la virgen y al sindongo dogma de la Inma Concha, que cumple 150 años, pero que no tiene la enjundia de otros dogmas católicos, mucho más divertidos. Éste, el de "la Inma", la iglesia se lo sacó de la manga en 1868, con el Papa Pío IX. Una época ya muy atea y de vuelta de todo en la que, habrán de coincidir conmigo, ya no pegaba inventarse nuevos dogmas.

El dogma de la Inmaculada Concepción no es el que la gente normalmente piensa. Lo de que la Virgen fue, valga la redundancia, siempre virgen, antes, durante (sic.) y tras parir a Jesucristo, es un dogma mucho más antiguo, del año 649, en el Concilio de Letrán. Lo de cómo consiguió mantener la virginidad antes, después, y sobre todo, durante el parto no me pidan que lo explique. Pero no me negarán que el dogma es divertido, y tiene un aire muy de leyenda mítica, al estilo de los dogmas de la Iglesia primitiva. No como el de la Inmaculada Concepción, basado en razonamientos mucho más intelectuales y por tanto, un coñazo. Los razonamientos, ahí los tienen, copiados de wikipedia:
Inmaculada Concepción de la Virgen María: los católicos afirman que la madre de Jesús fue preservada del pecado original por privilegio especial divino desde el momento mismo en que fue concebida en el seno de su madre, Santa Ana (Lc 1, 28). Esta doctrina, basada en el contenido del texto de Lc. 1, 28 («El ángel entró donde estaba María y le dijo: -Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo») y Lc 1, 42 («Y levantó la voz para decir con cálido acento: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!»), y en la Tradición Sagrada. El origen de por qué fue formulado este dogma está en el problema cristológico de la identidad de Jesús como Hombre y Dios al mismo tiempo y en la misma persona, según el dogma católico. Quienes se contraponían a este dogma argumentaban que si Cristo fue hombre en todos los sentidos, también lo sería como portador del pecado original (otro de los dogmas del catolicismo). De esta forma, tanto para defender el dogma de la identidad Hombre-Dios en la misma persona de Jesús como para defender el dogma de que Cristo fue Hombre en todos los sentidos menos en el pecado, surgió el dogma de la Inmaculada Concepción.
Lo que les decía, un coñazo.
Besos a todos y buena vigilia. Yo me iré de vinos, a ver si el tintorro me ilumina. Porque lo que es este dogma...

domingo, 16 de noviembre de 2008

Ay, Anita, que no levantas cabeza

La Regenta es el libro con el final más destroyer que he leído en toda mi vida. No voy a decir que no me costara leerlo porque entonces mentiría. De joven lo intenté varias veces, y no pasé del primer capítulo, acostumbrado como estaba al ritmo de los bestsellers de Michael Crichton. Me puse a él, ya de verdad, hace tres años, justo en el curso que dediqué a las oposiciones para ser profe de lengua, porque se me caía la cara de vergüenza eso de presentarme a las opos sin haber leído las dos novelas indispensables: Quijote y Regenta. (Lo irónico es que al final al Quijote no le llegué a hincar el diente, y ahí sigue pendiente, pero ésa es otra historia.)

Volviendo a La Regenta, el primer tomo no fue un suplicio porque me lo tomé con filosofía; en medio, iba alternado la cosa con otras lecturas más ligeras. A los dos o tres meses, cuando alcancé el segundo volumen, tomé el sprint. Y ya no paré, hasta el final. Ahí comprendí que ese casi suplicio del primer tomo es necesario, porque Clarín se lo monta de manera que el vértigo del desenlace en la segunda mitad sea apabullante. Todo cuadra en esta historia de auténtico gore que analiza y desmenuza lo peor de la naturaleza humana. Clarín, como buen hijo de puta (pero de los inteligentes), saca lo más ruin y los más patético de cada personaje y los revuelca por el barro una y otra vez. Estudiadores y filólogos le llaman a eso crítica social, yo casi lo llamaría sadismo; un sadismo que te cagas. Y Clarín no salva ni siquiera a la protagonista. Porque a la tercera vez que la insulsa y mojigata de Anita Ozores se pone mala, ya tampoco hay quien la soporte a ella. Al final terminas por no poder con ninguno de los personajes, pero enganchadito perdido, y saboreando momentos como los de la procesión, de un goce sádico total para el lector.

La edición que yo me leí fue la de Cátedra, salpicada de notas al pie que te ralentizan la lectura, y que por eso, especialmente en el primer volumen, se pueden volver un coñazo. Pero también es verdad que te sirven para no perderte nada de lo que Clarín plantea. Al final, incluye esta ilustración que yo no he olvidado, un dibujo con nuestra Anita de marras por los suelos, en el que todo se ve negro negro. Como el final de la novela. Como la sociedad que Clarín debió ver a su alrededor. ¡Dios mío, cuánta miseria humana!

jueves, 13 de noviembre de 2008

Extrañamiento

Lo de Bayly en el post anterior me ha llevado a seguir buceando en la red y encontrar esta entrevista de Losantos a Alaska, que no es que tenga una enjundia especial, pero que cuanto menos me ha sorprendido. Federiquito está mucho más sosegado que en la radio, y a Olvido Gara es, como siempre, un placer escucharla. Buceando aún más, resulta que ambos son amigos personales desde hace más de 25 años, y que encima ella colabora en su programa de la Cope, donde dice sentir plena libertad para "ser como es y hablar como ella habla".
La entrevista, aquí:



Alaska me encanta tanto si trabaja en la Cope como si no. Que quede claro. Pero todo esto me da la sensación de estar perdiéndome algo. Sí, ya sé, en esta España bipolar (periodística y políticamente hablando) los librepensadores nos causan extrañeza y hasta desasosiego. Y yo soy el primero que no traga con el pensamiento único de la izquierda española. Que también se desespera a veces cuando escucha la SER o lee El País. Con la Cope no me desespero porque directamente no la escucho, y cuando me la encuentro en el dial, rara es la vez que no me llevo las manos a la cabeza a los dos mimnutos. En cuanto a El Mundo, igualmente apenas lo leo, pero me hace gracia que dé cabida a columnistas de todos los colores, desde el propio Losantos a Raúl del Pozo, y que se peleen entre ellos, y que hasta se pongan verdes.

Y aún así, cuando veo juntos a Alaska y a Federico, en amor en compañía, no puedo evitar tener esa sensación de estar perdiéndome algo. De estar viviendo una realidad paralela. ¿Seré yo entonces el corto de miras?

¿De qué va Bayly?

Agosto de 2008: Jaime Bayly, peruano, bisexual, amigo íntimo de Boris Izaguirre y agitador de masas allá por la américas, entrevista desde Miami a "su amigo" Federico Jiménez Losantos. Una entrevista aduladora y no exenta de interés, que a ratos divierte, a ratos da vergüenza ajena y a ratos es, directamente, insultante. Aquí tienen la primera parte de la entrevista. Entren luego en Youtube para ver las siguientes:



Octubre de 2008: Jaime Bayly vuelve a adular a Federico en su programa y transmite íntegra la entrevista que hace pocos días le ha hecho el periodista en la Cope. Aquí, la primera parte. Buceen en Youtube para ver las demás:



También en octubre de 2008: Bayly, ahora desde Perú, en su programa El francotirador, vuelve a adular a Losantos, dejando claro ahora que discrepan en ciertas cosas, e incluye íntegra la entrevista que le ha hecho Losantos, ahora en su programa de la tele La noche de Federico. Vean la primera parte:



Noviembre de 2008: Bayly va a Buenafuente, donde con unos cuantos chascarrillos pone veladamente verde a Federico. O a mí me lo parece, no sé. Por última vez, y si no se han hartado ya, chequeen ustedes:



¿Conclusiones?: Pues aparte de que Bayly se ha tirado estos cuatro últimos meses avión pacá avión pallá, yo no sé ustedes, pero servidor no sabe qué conclusiones sacar. Está claro que escuchar la Cope no pienso escucharla, pero mañana mismo corro a la Fnac a comprar el libro de este energúmeno tan divertido. Y ya les contaré.

martes, 11 de noviembre de 2008

Más de Shia



A Guide to Recognizing Your Saints
le echa un ágil vistazo a la vida en el Queens de los años 80. A una zona, la de Astoria, que por lo que se ve en el film, en aquella época era algo así como un ghetto y hoy se ha puesto de moda. En suma, una peli independiente, de la factoría Sundace (ya saben, el festical indie de Robert Redford), con una historia algo manida pero que se plantea de manera bastante original, tanto en la puesta en escena como en la fotografía. Vamos, que no resulta nada cargante. No es como esas chorradas pseudo-independientes tipo Juno, así que merece la pena.

También sale el chavalito Labeouf, menudo crack.

Por cierto, no me pregunten por el significado del título original, porque después de ver la peli, no tengo ni idea. Es el mismo título del libro que el propio director, Dito Montiel, escribió antes de hacer la peli, que en español tiene el redundante título de Memorias de Queens (arg...).

domingo, 9 de noviembre de 2008

Los ojos de Shia



Desde Algunos hombres buenos, con Tom Cruise, no recordaba un blockbuster tan lleno de primeros planos como los de Shia LaBeouf en La conspiración del pánico. Lo de Tom Cruise se entendía, por guapo. Lo de Shia LaBeouf es, literalmente, comerse la cámara. La peli es un divertimento bastante digno, pero poco más. El mérito está en este chaval que con apenas 22 añitos sabe soportar el peso de la historia y una incontable cantidad de primeros planos como un auténtico campeón.