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domingo, 20 de junio de 2010

La Pausini, mejor en V.O.

La cosa va a menos, pero lo de la versión original sigue siendo en España una especie de reducto para intensos e intelectuales. Y claro, los cines de VO se centran en ese público tan especializado y sólo programan películas europeas o independientes, cuanto más sesudas mejor. Pero si quieres ver Spiderman o Transformers en VO, lo tienes chungo (en Madrid, por ejemplo, sólo puedes en el cine Ideal). Es como si con los blockbusters diera igual igual verlos doblados. Yo llevo ya diez años viendo cine sólo en VO, porque hace diez años hubo un punto de no retorno en el que los doblajes empezaron a rechinarme y a sacarme de la propia historia de la película. Pero eso no quiere decir que sólo me guste el cine europeo o las pelis indies americanas. Quiero cine en VO, pero todo el cine en VO.

A veces, la versión original te descubre nuevas perspectivas. Nuevas perspectivas que también te pueden dar los productos más mainstream. Es como con Laura Pausini. Sus primeros hits en español (La soledad y Se fue) me parecieron horribles, pero años después, me dio por escucharla en italiano y la cosa cambia, vaya si cambia. Y cuando la escucho me reafirmo en eso que siempre he pensado de que no hay otra lengua como el italiano, por muy empalagosa que pueda sonarme otras veces. Yo me quedo con estos dos baladones que en español suenan de un cursi horripilante y que en italiano me dejan el cuore aniquiladito. Y os los pongo en concierto, para que veais que la tía encima tiene una voz en directo de puta madre.



¿Qué tiene que ver Rachmaninov con Celine Dion?

Esto de la cultura de masas me encanta. Me explico. Alguna vez en este blog se me ha acusado de mezclar la high culture con la bazofia como si se tratara de algo blasfemo. Recuerdo que fue hablando del futuro del español, cuando junté a García Márquez y a Betty la fea en el mismo párrafo. Pero sé que hay más. Si hablo de música lo mismo te suelto un post de Beethoven que te analizo canción a canción un disco de Tarkan o de Bisbal (y aún no me ha dado por hablar de Bustamante, jaja). En cine, me gustan tanto el Uno, dos, tres de Billy Wilder como Uno, dos, tres, Splash, de Ron Howard. Si toca literatura, lo mismo te analizo la saga de Crepúsculo que La Regenta. Puedo disfrutar lo mismo hablando de Nietzsche que de Sálvame. Ecléctico que es uno, podría decir. Y a veces hasta me siento demasiado bipolar, como si no supiera con qué tipo de gente debiera moverme. Y hasta me llego a aburrir si esa gente es sólo de uno de los tipos. Pero creo que no soy yo el ecléctico, sino que el momento que nos ha tocado vivir en la historia es, para bien y para mal, así. Y si no, sigan leyendo.

Para empezar, hay que escuchar el All by myself de Celine Dion. No sean perezosos y denle al play, que nadie mira...



Una horterada, ¿verdad? Pero cuando suena al final de Fuera de onda, en versión de Jewel, es total:



Pues bien, rebuscando en la red resulta que el germen de tal horterada es ¡Rachmaninov! ¿Se acuerdan que les hablé de su concierto número 2 para piano? Pues voy y me encuentro con que el segundo movimiento es All by myself en versión orquesta. ¡Años y años escuchando las dos piezas y nunca me había fijado! No sé cuál de las dos escucharía antes, si la canción o el concierto. Probablemente el concierto, dado lo friki que fui en mi adolescencia, pero a lo mejor fue al revés y por eso este concierto me gustó siempre tanto desde el principio (¡sólo porque me sonaba!). Escuchen, escuchen, y comprueben.



Toda la información, en wikipedia.

miércoles, 16 de junio de 2010

Qué juego da un piano...



martes, 15 de junio de 2010

¿Qué habría dicho Beethoven?

Me lo dijo alguien el otro día. Que el Emperador era demasiado monumental. Que prefería sus primeros conciertos para piano. ¡No!, dije yo, ¡ésos son demasiado mozartianos! Claro, me contestó. Y yo: ya estamos con Mozart...

Durante seis años, de los 12 a los 18, no escuché otra cosa más que Beethoven, encerrado en mi cuarto (y sí, menudo frikazo era). De rebote escuché alguna cantata de Bach, el Requiem de Mozart, la Incompleta de Schubert o Las hébridas de Mendelssohn, pero poco más. La obsesión beethoveniana dejaba poco hueco. Esto, además, coincidió con el bicentenario de Mozart y el estreno de Amadeus. Mozart por todas partes, y yo arañándome de rabia por que no se reconociera que Beethoven era mil veces mejor.

Ahora, años después, con el spotify en mi ordenador, he vuelto a las andadas. Y he vuelto al Emperador, para mí, lo mejor de Beethoven. El primer movimiento es sublime, y me gusta más incluso que cualquiera de las sinfonías. Incluso diría que es lo que más me gusta de toda la música que he escuchado en mi vida.

Pero hoy, explorando en el spotify, me he acordado de Rachmaninov. De ese concierto n.2 para piano que en su día fue lo único que le llegó a hacer sombra a mi obsesión por el sordo de Bonn. Ahora mismo, mientras escribo esto, escucho alterado el tercer movimiento y me siento desatado. Y pienso, ¿qué hubiera dicho Beethoven si hubiera escuchado esto? Y creo que es una de las pocas cosas escritas después de su muerte dignas de hacerle escuchar. De las pocas cosas que, sin superarlo, están a la altura de esa monumentalidad genial del Emperador que otros denostan ante mis atónitos ojos. Porque vamos a ver, ¿quién puede preferir a Mozart y sus lindos acordes frente a esto?:



miércoles, 24 de marzo de 2010

Best songs ever

Las mías, claro...

1) Mad about the boy, de Dinah Washington



2) Raindrops keep falling on my head, de B. J. Thomas



3) You were meant for me, de Gene Kelly



4) It had to be you, de Frank Sinatra



5) The very thought of you, de Nat Kig Cole



6) You're the top, versión Barbra Streisand en ¿Qué me pasa, doctor?



7) A la lima y al limón, de Concha Piquer



8) The time is now, de Moloko


9) Tas, de Tarkan



10) Runaway lover, de Madonna

domingo, 15 de noviembre de 2009

Nadar hasta el fondo del mar

Si hay un disco que lo cambió todo en la carrera de Madonna, ése fue Ray of Light (1998). Quizá su mejor trabajo hasta hoy, quizá porque es el disco donde es menos ella sin dejar de ser cien por cien Madonna. De las trece canciones del disco, diez son magistrales. Sólo sobran Candy Perfume Girl, Shanti Ashtangi y Mer Girl, e incluso éstas tienen su punto en el contexto del disco. Las otras diez canciones, todas magistrales. Y encima te hacen creer que la tipa incluso canta bien. 
Ray of light es un disco-rito porque todas las canciones funcionan como parte de una ceremonia religiosa: el ritual de tránsito para la Madonna de aquellos años. Y la cantante tira de imágenes y metáforas no sólo de las religiones orientales, sino también del cristianismo, y lo hace sin complejos. Profetas, bautismos, llegadas mesiánicas, arrepentimientos, iluminación y el amor universal, todo en un totum revolutum regado con new age (no olvidemos que estamos al borde del fin del milenio). Y lo fuerte es que el revoltijo no sólo funciona, sino que llega a emocionar de verdad. 
Yo me quedo con Swim, una canción sobre el karma y sobre el poder del agua para limpiarnos de nosotros mismos y convertirnos en una nueva persona. 
Ahora, más que nunca.



We can't carry these sins on our back
Don't wanna carry any more
We're gonna carry this train off the track
We're gonna swim to the ocean floor

Mmmmm
Crash to the other shore
Mmmmm
Swim to the ocean floor

Let the water wash over you
Wash it all over you
Swim to the ocean floor

So that we can begin again
Wash away all our sins
Crash to the other shore

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Glorious!

En los tres o cuatro últimos años he ido al teatro con bastante asiduidad, y me he encontrado de todo. Desde tostones infumables a obras que me han emocionado más de lo que yo nunca creí que sería posible en el teatro. Soy hijo de una generación que se emociona más con el cine, no lo puedo evitar. Por eso con el teatro me suele costar. La cosa es que los montajes que más me han emocionado no eran, irónicamente, las de los textos actuales, sino las de los clásicos. Especialmente me ha pasado con Shakespeare, y con algún clásico español (aunque menos). Qué gracia, que como hijo del cine y de las nuevas tecnologías haya sido más capaz de implicarme con Hamlet o con el Tenorio que con las obras más innovadoras. Pero claro, es que hay una razón. Esos clásicos son obras que están bien escritas, mientras que entre los textos actuales hay mucha morralla, que además para colmo suele ser autocomplaciente. Shakespeare, por ejemplo, de autocomplaciente no tiene nada. La historia, el ritmo, los personajes, eso es lo que importa. Y si hay mensaje, si hay filosofía, también. Pero todo eso, sin historia, se convierte en una paja mental.

Y de ahí llegamos a Glorious, la peor cantante del mundo, dirigida por Yllana. Y lanzo un aviso para navegantes: en ella participa mi hermana. Es además un texto actual, de Peter Quilter. Pero me encantó. Cuando la fui a ver, al preestreno en Torrejón de Ardoz, hace unas semanas, me dije: qué bien que sea tan buena obra, porque por muchas veces que la vaya a ver (familia obliga) no me voy a aburrir. Voy a disfrutar, voy a reír, voy a llorar, como con las buenas pelis, ésas que me he tragado tantas veces. Diréis: claro, porque está su hermana. Pues no, mi hermana es sólo una secundaria en el montaje, que por otro lado se luce interpretando tres papeles a la vez muy distintos entre sí. Pero eso no haría que yo disfrutara la obra si fuera aburrida. Me la tragaría las mismas veces, vale, y disfrutaría viendo a mi hermana en escena, pero no con la obra.
No es ése el caso. Este Glorious es una gozada. Una obra sin trascendencias, pero divertidísima y emocionante a partes iguales. ¿Y por qué? Pues porque es una obra bien escrita. Se nota que el texto es de un anglosajón, a los que tan bien se les da escribir obras con ritmo, y sin complejos a la hora de apropiarse de modos cinematográficos para enriquecer el texto. Sin ir más lejos, la obra es un biopic, con ecos hollywoodienses, de Florence Foster Jenkins, una cantante real, que existió y que dio mucho que hablar en el Nueva York de los años 40. Una especie de Don Quijote asesina de las notas que gracias a sus estridencias llegó a llenar el mismísimo Carnegie Hall. Para muchos, fue quizá la primera artista que, cantando mal, llegó a arrasar y a provocar furor. Hoy en día estamos acostumbrados a eso, claro, y nadie se extraña de que los artistas más absurdos y los cantantes menos ortodoxos arrasen. Pero Florence fue la primera, y esta obra es un homenaje a ella y a esa sociedad de los años 40 en la que recién se estrenaba la cultura de masas y sus más diletantes fenómenos.
A lo que iba. La obra está bien escrita. Destila cine y music hall (y también bourbon) por los cuatro costados. Tiene ritmo,y eso que sólo consta de cuatro o cinco escenas. Los diálogos son unos ratos desternillantes y otros de una ironía contenida, mezclando lo sutil y lo tosco con gracia y sin complejos. Y al final parece que en vez de en el teatro, estás en el cine viendo un musical de la época.
A esto, claro, se le suma en el montaje español la elección de los actores. Una Llum Barrera entrañable y en estado de gracia, que insufla vida a su personaje y que es capaz de ir más allá del texto (saliéndose de él incluso), sin perder cada uno de los pies y de las frases que dan ritmo a la obra. Eso, claro, son las tablas. Como partenaire tiene a Ángel Ruiz, haciendo de pianista y de conductor de la historia (en cine sería la voz en off). Un papel que se le ajusta como un traje hecho a medida. Los dos actores, creo yo, deben tener una manera muy distinta de trabajar, ella más instintiva, él más metódico, pero juntos, en escena, destilan una química y una energía impresionantes. Porque así son también sus respectivos personajes: la ingenuidad frente al cinismo. Y en tercer lugar, mi hermana, Alejandra Jiménez-Cascón, a la que ya saben que adoro y sobre la que no me voy a explayar para que no digan que esta crítica no es imparcial.
En definitiva, que estaría bien que en el teatro se dejaran caer más obras como éstas, bien escritas, bien actuadas, que dejen buen sabor de boca y hasta alguna lagrimilla furtiva. Y sin esa horrible pátina de falsa trascendencia que tanto hay en los textos actuales.
Ahora está en Málaga. Luego Valladolid. Y la gira por España continúa. Si pueden, vayan a verla. Y cuando llegue a Madrid, ya les aviso. De momento, os dejo con la música "enlatada" de Florence Foster Jenkins, porque la japuta cantaba mal como ella sola, pero no por eso se quedó con las ganas de grabar sus discos.
La reina de la noche, de Mozart, en versión Florence:


martes, 20 de octubre de 2009

Lo hortera y lo sublime



Ahora que parece que va sacar nuevo disco, no está de más reinvindicar a un cantante hortera para muchos, pero que se lo ha currado como ningún otro, y que no por hortera deja de ser sublime y un pedazo de artista, parido en nuestro país y en nuestra televisión pública (en uno de sus pocos momentos de lucidez, todo hay que decirlo, y me refiero a OT). Hablo de David Bisbal, cantante que acudió varias veces al programa de TV en el que yo trabajaba, para actuar y llenar como pocos el escenario del programa, y para aguantar el tipo en entrevistas que rayaron en lo surrealista, dando siempre la talla de un artista de gran calado, sin perder el humor y sin dejar de ser de los más cercanos que yo conocí (y fueron bastantes).

Recuerdo que mi amiga Kubelick reivindicaba la canción Lloraré las penas, de su primer disco, como unos de los mejores productos que se habían creado en la música española de los últimos tiempos. Hortera, claro. Pero como bien decía ella, un producto perfecto si se juzgaba dentro de sus propios parámetros. A mí, sin embargo, y pasando por alto el Dígale (baladón sublime donde los haya), me gustó más el segundo disco de Bisbal. La fórmula estaba mucho más depurada, pero aún conservaba ese soplo de aire fresco del primero. La gira, por ejemplo, fue apoteósica: el concierto al que yo fui, invitado, en Las Ventas, fue choni y delirante hasta la extenuación. No sucedió así en el tercer disco, en el que se nos quiso presentar a un Bisbal mucho más urbano y alternativo, reinventado por Jaume de Laiguana (el del No es lo mismo de Alejandro Sanz), e intentando dejar atrás el rollo de verbena de feria que lo hacía tan auténtico.

De aquel segundo disco, Bulería, me quedo con ese Oye el Boom, segundo single hortera y sublime a partes iguales, con un videoclip descacharrante, pero genial como se han hechos pocos en la industria discográfica española. En esta canción, y en este videoclip, está la mezcla perfecta entre un Bisbal más estilizado y el otro de los gorgoritos flamencoides y las patadas al aire; el de siempre, el más nuestro y el que nunca debió dejar atrás. Porque era eso lo que hacía que no fuera un cantante latino más. Los gorgoritos, el flamenqueo, las patadas al aire (y los rizos) eran una horterada, vale, pero cuando en el tercer disco dejó atrás todo eso (rizos incluidos), perdió la fuerza y también la voz (porque por lo que parece en la tercera gira las pasó canutas con la afonía), y dejó de ser Bisbal. Recuerdo un concierto al que fui de esa tercera gira, la gira Premonición. Al problema de la voz se sumaba la ausencia de bailarinas, y la de los instrumentos de viento en una banda en la que dieron más importancia a las guitarras eléctricas, con proyecciones en las pantallas que parecían de museo de arte contemporáneo. ¿Roquero y urbano? Vamos, por favor, eso no es David Bisbal.

Ahora parece que vuelve con sus rizos, aunque no sé si habrá recuperado la fuerza del principio. ¿Volverá Sansón a sus andadas, horteras y sublimes a partes iguales? Mientras, yo me quedo con ese boom boom boom que hasta tuvo su versión en japonés. Qué delirio...



Lo hortera y lo sublime, en un solo videoclip (tan, tan arriquitáun!!)



Y la versión japonesa, de la mano de un señor llamado Hiromi Go, que por lo visto arrasa en el país del sol naciente (¡no se pierdan el bin bin bin de la segunda parte del estribillo!)

jueves, 23 de julio de 2009

Dónde estabas...



Me fui,
pa echarte de menos.
Me fui
pa volver de nuevo.
Me fui
pa estar sola.

Me fui...
porque estabas tan cerca
casi tan cerca que no puedo ver
lo que tengo cerca de mis ojos.

Mis manos que ya no son manos
Y pienso en manos que un día
vuelvan a darme la vida.

Me estoy echando a correr a los ojos de otro muchacho
que al menos cuando me mira
me hace reírme un rato.

Porque los tuyos están tan lejos de mí
que casi no puedo mirarlos.

Mientras, ¿dónde estabas cuando te llamaba?
Dónde estabas cuando te llamaba.

Dónde estabas cuando mi voz se hacía tan pequeña
que no salía y se ahogaba en una habitación
o dentro de mí.

Dónde estabas cuando dormías a mi lado
y yo no podía dormir.
Dónde estabas cuando te escuchaba palabras
que no creías ni tú.
Entre tanta mierda, dime,
¿dónde estabas tú?

¿Dónde estabas cuando te llamaba?

Por eso me fui,
pa echarte de menos.
Me fui
pa volver de nuevo.
Me fui
pa estar sola.
Me fui...

Me fui
pa volver
a hacerlo de nuevo otra vez...

sábado, 11 de julio de 2009

...cuando te llamaba



La japuta esta de la Bebe nunca me había gustao. Pero ahora, cada vez que la escucho cantar eso de dónde estabas cuando te llamaba, se me desgarra un poquito el corazón.

viernes, 26 de junio de 2009

You and me, in Spain!



Escribo esto mientras en el patio interior de mi bloque suena Billie Jean a todo trapo. Desde mi baño, en el otro extremo de la casa, escucho tras la pared los compases de The way you make me feel. A mí el fenómeno Michael Jackson me cogió sólo de refilón. Cuando teníamos 13 años, mi amigo Curro lo escuchaba constantemente. Yo seguía anclado en los recopilatorios infantiles, y cuando empecé a escuchar música de verdad lo hice directamente con Beethoven. Superada la etapa friki, a Michael Jackson sólo lo escuché de verdad con el Dangerous, que para muchos no estaba a la altura de los discos anteriores, en parte porque Jackson ya no había contado con Quincy Jones para producirle el disco. Pero a mí me pareció genial. La canción que más me gustaba, y que más me sigue gustando, es Remember the time. Es puro pop de la mejor calidad: una letra típica y tópica y una música pegadiza que nunca nunca se agota. Y qué decir del vídeo: pura filigrana kitsch.

Michael ya estaba blanco blanco, pero aún no se atisbaba esa decadencia que ha marcado el final de su vida. Su progresivo blanqueamiento puede tener muchas lecturas; yo me quedo con la que Michael Jackson no fue ni blanco ni negro, fue las dos cosas a la vez. Durante un tiempo lo fue todo. Y ahora lo volverá a ser, ya para siempre.

***

De Remember the time, me encantaba ese verso que decía "you and me, in Spain". Qué gracia, que ese país anodino en el que me había tocado nacer, fuera para otros el colmo de lo exótico

jueves, 30 de abril de 2009

A ciegas (cortesía de Pepa)

Yo muchas noches sentía, cercano ya el día,
tus pasos en la sala.
-¡Gracias a Dios que has llegado, que no te ha pasado
ninguna cosa mala!

En tus manos un aroma
que transminaba como el clavel,
pero yo lo echaba a broma
porque era esclavo de tu querer.
-"Que me he entretenido… las cosas del juego".
Y yo te decía cerrando los ojos
lo mismo que un ciego:

Estribillo
No tienes que darme cuentas
a ciegas yo te he creído,
yo voy por el mundo a tientas
desde que te he conocido.
Llevo una venda en los ojos
como pintan a la Fe;
no hay dolor como esta gloria
de estar creyendo sin ver.
Mi corazón no me engaña
y a tu caridad se entrega.
¡Duerme tranquilo, sentraña,
que te estoy queriendo a ciegas!

No sé que mano cristiana abrió una mañana
mi puerta de repente,
luz que cortó en mil pedazos como un navajazo
mi venda de la frente.
Me quitaron la ceguera
con un cuchillo de compasión
y hoy va solo por la acera
sin lazarillo mi corazón.
To eso es mentira, lo afirmo y lo pruebo!"
Y yo te decía queriendo
ponerme la venda de nuevo:

Estribillo
No tienes que darme cuentas
que no te las he pedido;
quien va por el mundo a tientas
lleva los rumbos perdidos.
Yo me clavaré en los ojos
alfileres de cristal,
pa no verme cara a cara
contigo y con tu verdad.
Mientes de noche y de día
y a jurarme en falso llegas.
¡Sigue mintiendo alma mía
Para yo quererte a ciegas!

(1953)
Letra: Rafael de León, Antonio Quintero
Música: Quiroga (Zambra)

sábado, 18 de abril de 2009

El despecho (tres versiones)

I. Bécquer: las Rimas

Dices que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos;
eso no es corazón..., es una máquina
que al compás que se mueve hace ruido.

* * *

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres....
ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día....
ésas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate,
así... ¡no te querrán!

II. Wilde: De profundis

Querido Bosie:

Después de larga e infructuosa espera, he decidido escribirte yo, tanto por ti como por mí, pues no me gustaría pensar que he pasado dos largos años de prisión sin recibir de ti ni una sola línea, ni aun noticia ni mensaje que no me dieran dolor.

Nuestra infausta y lamentabilísima amistad ha acabado en ruina e infamia pública para mí, pero el recuerdo de nuestro antiguo afecto me acompaña a menudo, y la idea de que el aborrecimiento, la amargura y el desprecio ocupen para siempre ese lugar de mi corazón que en otro tiempo ocupó el amor me resulta muy triste; y tú mismo sentirás, creo, en tu corazón que escribirme cuando me consumo en la soledad de la vida de presidio es mejor que publicar mis cartas sin mi permiso o dedicarme poemas sin consultar, aunque el mundo no haya de saber nada de las palabras de dolor o de pasión, de remordimiento o indiferencia, que quieras enviarme en respuesta o apelación. No me cabe duda de que en esta carta en la que tengo que escribir de tu vida y la mía, del pasado y el futuro, de cosas dulces que se tornaron amargura y cosas amargas que pueden trocarse en alegría, ha de haber mucho que hiera tu vanidad en lo vivo. Si así fuera, vuelve a leerla una y otra vez hasta que mate tu vanidad. Si algo encuentras en ella de lo que te parezca ser acusado injustamente, recuerda que hay que agradecer que existan faltas de las que se nos pueda acusar injustamente. Si hubiera en ella un solo pasaje que lleve lágrimas a tus ojos, llora como lloramos en la cárcel, donde el día no menos que la noche está hecho para llorar. Eso es lo único que puede salvarte. Si vas con lamentaciones a tu madre[…]estarás totalmente perdido. Si encuentras una sola excusa falsa para ti, enseguida encontrarás un ciento, y serás exactamente lo mismo que fuiste antes. ¿Sigues diciendo, como le dijiste a Robbie en tu contestación, que yo «te atribuyo motivos indignos»? ¡Si tú no tenías motivos en la vida! No tenías más que apetitos. Un motivo es un propósito intelectual. ¿Que eras «muy joven» cuando empezó nuestra amistad? Tu defecto no era que supieras muy poco de la vida, sino que sabías mucho. El alba de la juventud, con su flor delicada, su luz clara y pura, su alegría inocente y expectante, tú la habías dejado muy atrás. Con pies muy raudos y corredores habías pasado del Romance al Realismo. La cloaca y las cosas que en ella viven habían empezado a fascinarte. Ése fue el origen del problema en el que buscaste mi ayuda, y yo, nada sabio según la sabiduría de este mundo, por compasión y simpatía te la di.

Tienes que leer esta carta de principio a fin, aunque cada palabra sea para ti el fuego o el escalpelo del cirujano, que hace arder o sangrar la carne delicada. Recuerda que el necio a los ojos de los dioses y el necio a los ojos del hombre son muy distintos. Siendo enteramente ignorante de los modos del Arte en su revolución o los estados del pensamiento en su progreso, de la pompa del verso latino o la música más rica de las vocales griegas, de la escultura toscana o el canto isabelino, se puede estar lleno de la más dulce sabiduría. El verdadero necio, ése del que los dioses se ríen o al que arruinan, es el que no se conoce a sí mismo. Yo fui de ésos demasiado tiempo. Tú has sido de ésos demasiado tiempo. No lo seas más. No tengas miedo. El vicio supremo es la superficialidad. Todo lo que se comprende está bien. Recuerda asimismo que lo que para ti sea penoso leer, aún más penoso es para mí escribirlo. Contigo los Poderes Invisibles han sido muy buenos. Te han permitido ver las formas extrañas y trágicas de la Vida como se ven las sombras en un cristal. La cabeza de Medusa, que petrifica a los hombres, a ti se te ha dado mirarla en espejo solamente. Tú has caminado libre entre las flores. A mí me han arrebatado el mundo hermoso del color y el movimiento.

III. La casa azul: Como un fan

¿Qué quieres que te diga?
¿Que mi vida va genial?
¿Que todo transcurre tal
y como lo pensé, tal cual sin más?
¿Que todas mis decisiones
pasan por un auto-tune de aciertos?
Qué más da… si no lo vas a escuchar.

¿Qué quieres que te diga?
¿Que escogiste lo mejor?
¿Que ya no quedaba amor?
¿Que no me merecías porque eras lo peor?
¿Que tengo mil ilusiones?
¿Que ya no queda ni un gramo de pena?
Qué más da... nunca supiste escuchar.

¿Qué quieres que te diga?
¿Que el tiempo va a mejorar?
¿Que el gobierno está fatal?
¿Que el Barça hoy ha vuelto a pinchar?

¿Qué quieres que te diga?
¿Que sin ti no puedo más?
¿Que mi vida se rompió
cuando te fuiste sin pensar que
nunca,
nunca más me iba a recuperar?
Porque cuando tú jugabas yo creía
que lo que hacías era amar.
Y mientras
yo me enamoraba, como un fan,
de tu voz, de tus amigos, de tu ropa
y de tu manera de mirar.

¿Qué quieres que te diga?
¿Que prefiero pasear
por la playa y escuchar
a Billy Joel o quizás a Ben Folds Five?
Porque sé que tú los odiabas:
no eran suficientemente indies.
Qué más da.... tú siempre fuiste lo más.

¿Qué quieres que te diga?
¿Que el trabajo no está mal?
¿Que cerraron el local
donde solíamos tocar?

¿Qué quieres que te diga?
¿Que me arrancaste el corazón
y hoy se te ocurre venir a pedir perdón
después de un siglo o dos?

Nunca,
nunca más me voy a recuperar,
porque cuando tú jugabas yo creía
que lo que hacías era amar.
Y mientras
yo me enamoraba, como un fan,
de tu voz, de tus amigos, de tu ropa original,
de tu habitación, de tu portal,
de tus discos viejos de los Clash.

De toda tu maldad.

sábado, 10 de enero de 2009

Ya tocaba hablar de Tarkan (otra vez)



Karma (2001), de Tarkan, es el disco que más escucho desde hace tres o cuatro años. En este tiempo he escuchado con fervor muchas otras cosas, muchas de ellas bastantes más decentes y edificantes (¡lo juro!), pero qué le voy a hacer, este disco sigue ahí, resistiendo al paso del tiempo. Ya en otra entrada hablé de Tarkan a raíz de su último disco, que, ese sí, no me gusta nada, por más oportunidades que le dé. ¿Pasó el momento del cantante turco? No lo sé, pero yo aún tengo esperanzas.

En el mundo de la música actual, casi todos los artistas se pueden preciar de tener una o dos canciones que les aúpan al estrellato; en el caso de Tarkan esa canción es Simarik, la famosa canción del beso. Menos son los artistas que se pueden preciar de tener un disco redondo; pero Tarkan también lo tiene, e irónicamente, no es el disco que le dio proyección internacional (ese mismo en el que estaba Simarik) sino el disco que sacó inmediatemente después. Ese que suele ser la prueba de fuego, y que casi siempre deja mucho que desear. En el caso de Tarkan fue justo al revés. En ningún otro disco su estilo está tan depurado y libre del lado hortera (porque el chaval lo tiene, no lo vamos a negar), como en Karma. Ni siquiera en el disco que hizo después de Karma, Dudu -un disco que presume de volver a los orígenes de la música turca y que es el que más pretende desvincularse de ese tufillo hortera- consigue canciones tan perfectas. Para mí, casi cada una de las doce canciones de Karma son una joyita, e incluso aquellas dos o tres que escucho menos tienen su punto. ¡Dadle al play, que es Tarkan!

Ask
Ask en turco significa amor, y hasta ahí puedo contar sobre la letra. Alguna vez he buscado las traducciones en Internet, pero las he olvidado. Casi mejor, porque recuerdo que no eran gran cosa; quizá lo mejor sea abstraerse de una letra que probablemente sea típica y simplona, y quedarse con la música y la voz del turco, que es lo que engancha de verdad de esta balada que abre el disco y que no podía estar mejor colocada, porque es la ideal para los no iniciados.



Ay
Aquí Tarkan se pone más rítmico, pero también más petardo; claro, yo no dejo de escuchar esta canción. Quizá sea la que me guste de una manera más subjetiva; para mí, es la canción que más energía tiene del disco.



Kuzu Kuzu
Kuzu Kuzu en turco es etimológicamente lo mismo que cus-cus en árabe: cordero. La canción fue el primer single del disco, y Tarkan le canta a una chica algo de que lo tiene sufriendo como un cordero, o algo así, no sé. La verdad es que da igual. La canción no es de las mejores, tiene demasiado sintetizador, y por eso prefiero la versión acústica, que no está en disco. Ahí van las dos, con sus respectivos y horteros vídeos:





Gitti Gideli
Una balada con la lluvia de fondo que tardé en apreciar, pero que cada vez me gusta más. Tarkan aprovecha aquí para hacer gorgoritos, pero sin pasarse.



Uzak
Uzak significa lejos. Es la canción más discotequera; sería la análoga a Bu Gece, el segundo single del disco anterior. Tiene un poquito de trance y muchos beats por segundo, pero es muy bonita. En el fondo Uzak no es tan buena como Bu Gece, pero sí es algo menos hortera.



Yandim
La primera de las canciones menores del disco. Una balada que se deja escuchar, y ya está.



O'na Sor
Esta la descubrí de veras hace poco. Suena un poco como a canción de misa, pero el exotismo del idioma turco hace que funcione. Y además después coge fuerza.



Hüp
Segundo single del disco. Es un subidón de canción y para los no iniciados, un disfrute. El videoclip, de Ferzan Ozpetek, se sale, por hortera. Atentos al movimiento de caderas del turco y a ese pelo engominao patrás. Impagable.



Sen Baskasin
Puro ritmo turco. No es de las mejores del disco pero también termina enganchando.



Tas
Sólo por curiosidad, Tas significa piedra. Pero lo importante es que ésta es la MEJOR canción del disco, y eso que al principio cuesta más digerirla. Es también la que tiene un sonido más "griego", al menos para el oído occidental, y la canción donde mejor se conjugan los sonidos tradicionales y el sintetizador. Tarkan luego la remezcló, le cambió la letra y la usó como himno del equipo de futbol turco en no sé qué mundiales. Ahí tenéis las dos versiones:





Her Nerdeysen
Otra de las menores. Quizá la más floja del disco. La única prescindible de veras.



Verme
Baladón que yo escucho poco pero que también fue single. Es gracioso que justo las canciones de este disco que se conviertieron en singles son las que yo escucho menos.

jueves, 1 de enero de 2009

jueves, 13 de noviembre de 2008

Extrañamiento

Lo de Bayly en el post anterior me ha llevado a seguir buceando en la red y encontrar esta entrevista de Losantos a Alaska, que no es que tenga una enjundia especial, pero que cuanto menos me ha sorprendido. Federiquito está mucho más sosegado que en la radio, y a Olvido Gara es, como siempre, un placer escucharla. Buceando aún más, resulta que ambos son amigos personales desde hace más de 25 años, y que encima ella colabora en su programa de la Cope, donde dice sentir plena libertad para "ser como es y hablar como ella habla".
La entrevista, aquí:



Alaska me encanta tanto si trabaja en la Cope como si no. Que quede claro. Pero todo esto me da la sensación de estar perdiéndome algo. Sí, ya sé, en esta España bipolar (periodística y políticamente hablando) los librepensadores nos causan extrañeza y hasta desasosiego. Y yo soy el primero que no traga con el pensamiento único de la izquierda española. Que también se desespera a veces cuando escucha la SER o lee El País. Con la Cope no me desespero porque directamente no la escucho, y cuando me la encuentro en el dial, rara es la vez que no me llevo las manos a la cabeza a los dos mimnutos. En cuanto a El Mundo, igualmente apenas lo leo, pero me hace gracia que dé cabida a columnistas de todos los colores, desde el propio Losantos a Raúl del Pozo, y que se peleen entre ellos, y que hasta se pongan verdes.

Y aún así, cuando veo juntos a Alaska y a Federico, en amor en compañía, no puedo evitar tener esa sensación de estar perdiéndome algo. De estar viviendo una realidad paralela. ¿Seré yo entonces el corto de miras?

jueves, 16 de octubre de 2008

La abuela tiene que estar negra, me dice Paco



La abuela es Madonna, que con sus 50 años y los pómulos recién operados, se ha quedado compuesta y sin novio. Guy Ritchie, en la flor de la vida a sus 40 años, la ha dejado en la estacada. Mi amigo Paco dice que tiene que estar negra, pero ella igualmente salió anoche al escenario de Boston, haciendo de tripas corazón, con su sonrisa impertérrita y con los mismos movimientos espasmódicos de toda la gira, bailando hip hop como una veinteañera. Y yo me pregunto si esto de debe a su capacidad de recomponerse física y emocionalmente o a una completa desconexión de la realidad.

En los últimos años Madonna parece estar constantemente a punto de descarrilar, aunque no termine de hacerlo. Por un lado sus conciertos siguen siendo espectaculares, y ella sigue bailando como una condenada. Por otro, su música es cada vez más facilona, por mucho que ella insista en que con el tiempo sus letras se han cargado de ironía (que hay que tener rostro para soltar eso y quedarse tan pancha). El problema es que todos sabemos que tiene 50 años, que está hipertrofiada e hiperoperada (las últimas intervenciones quirúrgicas ya no pasan desapercibidas, como quizá si ocurría con las que se hizo en los noventa), y que con 50 años tiene que haber algo detrás de sus berreos y sus espasmódicos pasos de baile. Tiene que haber un mensaje, por muy superficial que éste sea. Un mensaje que desde hace dos discos brilla por su ausencia. Y lo peor es que Madonna en su momento lo tuvo: un mensaje de liberación sexual, de rebeldía religiosa, en contra del conservadurismo. Vale, mensajes facilones, pero esto es música pop, no Heidegger. La cosa es que hoy ese mensaje, facilón o no, ha desaparecido. Desde el American Life Madonna no se ha atrevido más que a inventar ritmos vacuos y parece más preocupada en demostrar (miren las fotos) lo joven que está y lo vigente que sigue siendo.

Coge la letra de Like a Virgin o de Material Girl, dos de sus primeros éxitos, y compáralas con la letra de cualquier canción de su último disco, Hard Candy. Sí, la factura sonora es impecable, pero no transmite nada. En 25 años ha perdido la capacidad de escribir canciones con enjundia. Antes con cada disco asumía riesgos, sorprendía. Ahora hace letras vergonzantes, del tipo de

you don’t need to be beautiful
to be understood,
you don´t need to be rich and famous
to be good

o sea, de sonrojo. En los conciertos sí que vuelve a la carga con reivindicaciones políticas y sociales (que por otro lado son de una hipocresía tremebunda, pero que al menos son algo, y dan pie al análisis). En los discos, y en los videoclips, nada. Ella muy mona demostrando que los años no le hacen mella. Y esas canciones impecables pero huecas jamás se convertirán en auténticos hits o en los himnos generacionales que sí supo hacer en los 80 y 90. Madonna es, a los 50, mucho más fugaz y escurridiza que a los 25. Eso sí que es irónico, y no sus letras.

jueves, 26 de junio de 2008

El valor añadido de la voz

De todos los grupos y artistas con los que traté en la tele mientras trabajé como redactor encargado de la música, uno de los que mejor recuerdos me traen son Amaral. De Juan poco puedo decir, es muy muy reservado. Eva también es tímida, pero con ella me atreví a hablar más. En total los vi varias veces, pero el día que más tiempo pasamos juntos fue con un repor sobre un concierto de ellos en Segovia. Cuando llegamos al recinto, estaban ensayando, y la voz de Eva, que sonaba tan nítida o más que en los discos, me dejó apabullado. Después de grabar con ellos, de incordiarlos antes del concierto con tonterías sin que ellos dejaran de colaborar del modo más educado, no me lo pude callar y le pregunté si era consciente del privilegio que era tener esa voz tan alucinante, y la felicité por lo bien que cantaba. ¿Una obviedad? No lo creo. Tal y como está el panorama musical, a pocos artistas se les puede decir que cantan bien de verdad. Y no es que crea que es indispensable, no soy un purista: Madonna no canta nada y eso no quita para que sea una artista como la copa de un pino. Quiero decir que en el caso de Amaral, lo que me enganchó no fue solo la última canción de su disco Estrella de mar (se llama En solo un segundo y es una pasada, de ponerte los pelos de punta), sino la poderosa y cristalina voz de Eva en directo.

(En otro post a lo mejor les cuento del grupo que peor recuerdo me trae, pero la perraca de Amaia Montero felizmente lo ha abandonado, y de los otros cuatro componentes no podría decir nada malo)

jueves, 8 de mayo de 2008

Nuestros poetas, según Astrud (descacharrante)

Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.
Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.

Sólo hay que leer las cartas
que Guillén mandó a Salinas,
o escuchar a Gil de Biedma
leído por Carod-Rovira para verlo.

Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.
Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.

Sólo hay que mirar las fotos,
están en las hemerotecas.
Dámaso Alonso en El Pardo
y Luis Cernuda en Acapulco.
Los que se hicieron ricos,
los que murieron pobres,
enfermos, en el exilio,
Leopoldo y sus dos hijos, todos ellos.

Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.
Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.

Preguntadle a la viuda de Alberti,
si pudiera hablar Zenobia,
si estuviera vivo el bendito
padre de Jorge Manrique.
Si lo supiésemos todo
sobre algunos,
tanta metáfora
y tan poca vergüenza todos ellos.

Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.
Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.

Quevedo el putero y Góngora el lameculos,
Garcilaso el usurero y Rosalía la ludópata,
el maricón de Lorca y Bécquer,
que era un poco mariquita también.
Ferrater el desgraciado,
Gimferrer el pervertido,
los hermanos Machado,
el drogadicto y el maltratador.
San Juan de la Cruz
y Santa Teresa de Jesús...

Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.



Y esto es lo que Manolo y Genís, los componentes de Astrud, alegan sobre este jitazo: Escandalizados una vez más por los suplementos culturales, con artículos como "Toda la verdad sobre Juan Ramón", y por el abuso y la indiscreción de muchas biografías de escritores, en esta canción se lleva esta desvergüenza investigadora y sensacionalista de los críticos literarios de hoy en día al nivel televisivo de Salsa Rosa o Tómbola. Los rumores, las infamias, la actualidad y los prejuicios son las herramientas de los filólogos de ahora.

Yo, la verdad, es que antes de investigar sobre el verdadero sentido de la canción, casi que me gustaba más, por lo destroyer que me parecía, dadá en estado puro.

Es gracioso e irónico que algunas cosas, justo al cobrar sentido, dejen de tener tanta gracia...