domingo, 28 de diciembre de 2008

El gran don de la familia

Los Fernández Lagar hablan del gran don de la familia como si la familia fuera, per se, algo bueno. Yo trabajo de profesor en una de las zonas más pobres y desestructuradas de Madrid, donde muchos padres no se preocupan de llevar a sus hijos al colegio, cuando no se trata más bien de problemas como la falta de alimentación o los malos tratos. A ver quién es el guapo que les dice a esos chavales que la familia es un gran don y que hay que agradecérselo a Dios. Un gran don será TU familia, no te jode. Tu pija familia opusina que vive en un chaleto con parcela, en la que los catorce hijos van a un colegio privado y la madre hace la compra en el supermercado de El Corte Inglés. Claro, menudo don. Y encima todavía tenéis el descaro de juntaros todos en Madrid porque los que no llevan vuestro estilo de vida os parecen una amenaza. Hay que tener valor y ser poco conscientes de la realidad que nos rodea.

El don de la familia, dicen. Que se lo metan por el culo, chaval.

Cada uno en su burbuja

ABC de Sevilla del 28 de diciembre del 2008. Página 6, sección Enfoque. Bajo una foto de los preparativos de la misa de hoy en la Plaza de Colón de Madrid, se puede leer lo siguiente:

En defensa de la "mejor escuela de humanidad"
En una sociedad capaz de modificar el trazado de todo un AVE para no perturbar a una rara mariposa, resulta terriblemente paradójico que se pase de puntillas frente al sacrificio de 112.000 nonatos sólo en el último año; un verdadero «genocidio», según los obispos, al que habría que unir las constantes campañas en pro de la eutanasia y la imparable violencia doméstica. En su mensaje de Navidad, el Santo Padre advertía del desastre hacia el que nos encaminamos si el mundo se olvida de la solidaridad. Y no hay institución más solidaria que la familia, ni tampoco más abandonada que ésta, cuando no directamente atacada por la vía del matrimonio homosexual, el divorcio exprés o la imposibilidad de la conciliación laboral. Es contra esta asfixia por lo que, hoy domingo (en la imagen, preparativos de la misa en la madrileña Plaza de Colón), millones de españoles serán llamados a «no permanecer impasibles» ante «los serios peligros» que sufre el principal pilar de la sociedad.


Más adelante, en la sección Religión (sic.), página 58, nos encontramos con que Los obispos denuncian "la asfixia" que sufre la familia, y se destaca que "los graves acosos que sufre la familia son el matrimonio homosexual, el divorcio exprés, la falta de conciliación entre la vida familiar y laboral, la crisis económica, la baja tasa de natalidad y la violencia de género.". Menuda mezcla.

Junto a esta noticia, el retrato de la familia Fernández Lagar (mírenlos qué monos, en la foto), que han viajado desde Oviedo expresamente para la misa y para "agradecer el gran don de la familia".



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Para desintoxicarme un poquito, pillo El País. Y lo primero que me encuentro es la portada de El País Semanal: Tendencias 2009. Ideas, objetos y personas para un año incierto.

Y sobre una foto ultra fashion que raya en el decadentismo más vergonzante, en el que una modelo de 40 kilos aparece tumbada en un sofá deciochesco (de esos que todos tenemos en nuestras casas, vaya), se lee: ¿Puede ser el sofá un elemento clave en tiempos de crisis?

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En esas estamos. Y me parece a mí que ahora mismo en España la dos únicas opciones viables son o ser opusino y tener dieciséis hijos, o ser un pijo alternativo y recalcitrante, de esos intensos con gafas de pasta, pendientes sólo de la última onda.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Contact / Una visión del laicismo



Contact es una peli que aparentemente versa sobre ciencia pero que en el fondo va sobre los actos de fe. La eterna dialéctica, ¿verdad? La primera vez que vi esta peli fue allá por 1997 (su año de estreno) en un cine de Sevilla. Previamente ya me había leído la novela de Carl Sagan, que me pareció una pasada. La peli, si bien simplificaba la trama y optaba quizá por un mensaje más simplista, también me encantó: al día siguiente la volví a ver en el mismo cine. Y en estos años la he vuelto a ver muchas veces más, como esta tarde.

En la peli se plantea algo que tiene que ver con la idea que yo tengo del laicismo. Desde una postura científica, negar el hecho religioso es muy fácil. Además, los ateos suelen (solemos) situarse en una posición moral superior con respecto a la de los creyentes. Normal, es como cuando nos compadecemos del miembro de una secta. Pero claro, como bien se dice en la peli, el 95% por cierto de la población mundial cree de alguna forma u otra en la existencia de un ser superior. ¿Se puede eso minusvalorar? ¿Podemos decir a la ligera que ese 95% está equivocado?
Lo que está claro es que el hecho religioso, la necesidad de trascender a lo meramente físico, ha estado en el hombre desde sus inicios. Negarlo me parece una forma muy peligrosa de laicismo. Mejor será tratar de conocer todos esos hechos religiosos y aprender a convivir con ellos. Porque nos guste o no, son para bien y para mal parte de nosotros.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

La catarsis según Shakespeare

Hoy ha sido la primera vez en mi vida que he llorado en el teatro, así que no esperen una crítica racional o concienzuda, porque lo que que he experimentado esta noche en el teatro María Guerrero de Madrid pasará a los anales de mis experiencias estéticas y emocionales. Y ha sido con Hamlet, con una versión de Juan Diego Botto que en principio no prometía nada y que debo reconocer, tampoco es que haya apasionado a mis acompañantes. A mí, sin embargo, estando como estoy en horas bajas emocionales, me ha dejado K.O. La catarsis ha tenido que ser, como no, con Shakespeare.

A Shakespeare yo lo he descubierto en el teatro. No leyéndolo, o en el cine, con esas versiones tan resultonas que de sus obras ha hecho por ejemplo Kenneth Branagh. Fue el año pasado en el Valle Inclán de Lavapiés, con ese poderoso Rey Lear del Centro Dramático Nacional, que me dejó loco. Aquella fue la primera vez que sentí en el teatro lo mismo que he sentido en el cine con esas pelis que más te marcan. Antes había visto más obras de Shakespeare, pero hasta esta noche, con el Hamlet del Botto este que tan bien se lo ha montado, no he tenido esa sensación de estar DENTRO de la historia, como en las mejores novelas, como en las mejores pelis. Que eso me pase con una obra de teatro es muy difícil. Sólo Shakespeare lo ha conseguido, hasta ahora.

Porque el mérito de este montaje de Juan Diego Botto no está tanto en el montaje en sí mismo, que ha sido muy sencillito, sino en haber sabido dejar hacer al propio Shakespeare y a su propio texto. Y donde se ponga Shakespeare, no hay ni lopes ni calderones que valgan. Y no lo voy a comparar con Lorca porque ahí ya no hay parangón y además sería de mal gusto, pero es que en Shakespeare está todo. TODO. El Hamlet destila fuerza dramática desde el minuto uno, las primeras palabras del príncipe ya te atrapan y la obra no te suelta hasta el final.



Por supuesto, se le pueden poner pegas al montaje. Lo que pasa es que no quiero. Quede dicho que entre actores desiguales yo me quedo con un sorprendente Juan Diego Botto que se ha enfrentado a Hamlet tal como yo entiendo al personaje. Y no se trata de que su actuación fuera magistral, en el sentido más aparatoso de la palabra. No. Estaba cercano, sin falsas trascendencias ni grandilocuencias. Juan Diego Botto ya no es el niño pijo de Historias del Kronen o Martín Hache. Es ya un tío hecho y derecho que afortunadamente aún rezuma juventud e inocencia y todo eso se lo da a un Hamlet hermoso, perverso, loco, rencoroso, atormentado y todo lo que tiene que ser Hamlet, pero sin caer en el histrionismo en ningún momento. Cuando le gruñía a Ofelia y le ha dicho varias veces aquello de "vete a un convento", se me ponía la piel de gallina.

Mérito de Botto, como director, es también el tremento final con la voz en off, hipercinematográfico en el mejor sentido de la palabra. Un final en el que he llorado como sólo había hecho hasta ahora en el cine. Y oye, sí, estaré más sensible, pero es que una vez más, Shakespeare tenía que ser el que apuntara directo al corazón.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Lorca & Dalí: una historia bigger than life



Mírenlos. Son Lorquita y Dalí, cara a cara, encarnados por el actor catalán Javier Beltrán y el vampirito ayquetelocomotó adolescente de Crepúsculo, Robert Pattinson. Los ingleses se han atrevido con un biopic de la historia de amor entre los dos artistas, y por lo que se ve en el jugoso trailer los puristas ya estarán llevándose las manos a la cabeza. A mí, la verdad, no me importa. Lo que se coció entre Lorca y Dalí en la realidad jamás lo sabremos (¿fue algo solamente platónico? ¿hasta qué punto fue una relación sadomasoquista? ¿hubo penetración o sólo tocamientos?). Pero está claro que, con un poquito de sal y pimienta (en forma de libertad creadora) ahí hay material de auténtico culebrón de esos bigger than life. Un material al que había que meter mano, claro está, y al que de paso, me alegro que se la hayan metido (la mano, digo) los anglosajones. Ver a Lorca y a Dalí hablando inglés será un mal menor, porque este tipo de biopics a nadie se les da como a ellos.

Y ahora que lo pienso, Little Ashes es la primera peli que Robert Pattinson estrena tras Crepúsculo: imaginen las hordas de adolescentes americanas que irán en masa al cine para ver una peli sobre Lorca y Dalí en la Residencia de Estudiantes!!!! Los puristas se rasgarán las vestiduras, pero a mí esto de la democratización de la cultura me parece genial.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Crepúsculo: yo veo esto con 15 años y lo hubiera flipado



Esto es lo que me ha dicho Raquel (a la que después de insistir convencí para ver la peli de marras) en la oscuridad de la sala, mientras el contemplativo amor de una adolescente desganada y un vampiro alicaído hacía flu flu en la pantalla. "Esto lo veo yo con quince años y hubiera flipado". Y entonces he pensado que yo ni siquiera necesitaba retrotraerme a mi adolescencia, que con mis quince en cada pata estaba disfrutando como un enano.

Mi hermana la vio hace poco y me contó que le hizo darse cuenta de que ya no era una adolescente, que ya había cosas con las que no tragaba. Y que le dolió haber perdido esa inocencia. Ah, el paso del tiempo. Por eso yo iba con miedo, pensando "que me guste, que me guste, que la fría pátina que nos hace estar de vuelta de todo no haya hecho mella en mí". Y la verdad es que es me ha encantado. No puedo decir que no porque mentiría. La peli está dirigida al público adolescente, y es a ratos de un cursi vergonzante, y si quisiera ahora mismo podría ponerme cínico y ridiculizar la mayor parte de los giros de la historia, como se hace, por ejemplo, en esta crítica, a la que no le falta razón, las cosas como son. Yo podría criticarla igual, pero es que me ha gustado. Y a Dios gracias: sigo ganándole la batalla al cinismo.

Y sí, la peli tiene tiene muchas, quizá demasiadas, concesiones al público adolescente. Pero también tiene algún que otro mérito, como el tono que le da a la historia la directora. Un tono de peli contemplativa que no casa nada con la mayoría de productos dirigidos a adolescentes. Con planos largos, miradas y una acción lenta (sobre todo en la primera parte) que hace que hasta te metas dentro de una historia de amor (o de enamoramiento adolescente, tanto para lo bueno como para lo malo), una historia de amor, decía, que vale, tiene muy poquito de original (por poner un ejemplo: Buffy), pero que funciona.

Otra cosa es que todo en esta peli dé en el clavo de mis debilidades: los ambientes de instituto (con baile de fin de curso incluído) me pirran, y todo el rollo de los vampiros me llega a alienar de gusto. Sé que hay muchos a los que estas dos cosas os horrorizan. No vayáis entonces a ver la peli: no tendréis nada a lo que agarraros.

viernes, 12 de diciembre de 2008

La vida es sueño / Agrio popurrí a gritos



Busco las críticas en Internet y todos la ponen bien, pero a mí y a todos los que me acompañaron nos pareció un bodriete considerable. Hablo de La vida es sueño, el último montaje que por lo visto ha de alojar el teatro Albéniz de Madrid, antes de que se convierta en cortinglés o lo que sea.

Hablando de la obra en cuestión, los que piensen que la odié por todo lo que otrora dije de Calderón, que no se ensañen conmigo. Mi diletancia no alcanza tales cotas: La vida es sueño siempre me ha parecido una obra que te cagas, con un comienzo impresionante ("hipógrifo violento!!!!") y unos monólogos de ponerte los pelos de punta. Un Calderón en estado de gracia, si bien esa gracia no le dio para evitar nuevamente uno de esos finales recalcitrantes en los que los agravios de honor se arreglan con el más auténtico absurdo. (Y ahora que lo pienso, Calderón podría considerarse un antecedente de Samuel Beckett: la forma de pensar de muchos de los personajes del autor del Siglo de Oro te dejan aún más patidifuso que los mismísimos Vladimir y Estragón).

Hablaba del impresionante comienzo de la obra. Pues bien, en este montaje no pudo haber sido peor. La actriz que hacía de Rosaura declamaba que era una pena. Y así lo hizo hasta el final, cuando su personaje vuelve a tener ese magnífico monólogo en el que descubre a Segismundo que de sueño, nanái. Monólogo que también se carga, la muy ingrata. El resto de actores están desiguales. Chete Lera como Basilio ni pincha ni corta. Segismundo le ponía algo más de intención, aunque a mi gusto quizá demasiada. Todos resultaban gritones, y encima a muchos no se les escuchaba (¿se les estropearon los micros? ¿el teatro es demasiado grande? No, si al final va ser mejor que lo conviertan en cortinglés). El montaje, con unos momentos Star Wars, otros en plan Greystoke (¿recuerdan? la peli de Tarzán) y otros de un filogay que me despistó mucho muchísimo, no era lo peor. (También he leído por ahí de supuestos guiños a Matrix que de haber pillado yo, me habrían encantado, porque es verdad que Matrix no es más que una revisitación del clásico calderoniano, y la prueba de la vigencia de la obra.) Los movimientos en escena estaban llenos de forzadas dramatizaciones corporales, muy de escuela de teatro (de la Resad, claro). Y algunas soluciones, como la de Segismundo atravesando la cuarta pared, incluso me gustaron. Pero en mi mente aún estaba fresco el recuerdo de un montaje que vi hace el año pasado en la Reales Atarazanas de Sevilla, mucho menos transgresor pero en el que el lado místico de la historia estaba mucho más potenciado: recuerdo al rey Basilio como una especie de Dumbledore mustio y venido a menos, como el pobre hombre confundido y supersticioso que creo que en verdad retrata Calderón.

Al final, lo peor de todo fue la declamación de los actores. El verso es un duro reto y los grandes actores de la compañía de Teatro Clásico de Sevilla y de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, entro otros, me habían hecho olvidarlo. Los de la compañía Siglo de Oro de la Comunidad de Madrid, tristemente, me han puesto de bruces con la realidad. Pena...

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Spanglish con buen hacer y (demasiado) buenas intenciones



Íbamos a ver Crepúsculo y resultó que me confundí con la hora. Para cuando llegamos al cine llevaba media hora empezada y la única peli a mano resultó ser Bella, que también tenía ganas de ver, aunque no sin la mosca detrás de la oreja. La mosca de que, cada vez que buscaba información en Internet sobre la peli, me topaba con webs católicas haciendo supporting de esta peli independiente.

Bella es una cinta con una cadencia casi perfecta, que se deja ver con gusto, pero con un reverso de panfleto antiabortista que de tan poco sutil, casi se carga la historia. Además, los protas son casi todos latinos, y las escenas en las que los actores dan rienda suelta al español tienen un tono demasiado impostado para mi gusto. Deberían ser los momentos más frescos de la peli y sin embargo a mí me parecieron los más falsos (en especial la escena en la que preparan la comida, con ese hermano pesao que hace las veces de introducer para el público anglosajón en una especie de improvisado parque temático portorriqueño-mexicano).

Eso sí, el director de la peli sabe hilar fino: las imágenes de Nueva York son poderosas, y los momentos de homenaje a la gran ciudad tienen fuerza, como el encuentro con el ciego, o el chino hablando español. Los momentos spanglish son además, en mi caso, una debilidad. Pero por otro lado, el historial de los personajes está más que traído por los pelos: todo cuadra en sus vidas para que la vida, al final, triunfe. Si a todas las que se quedaran preñadas les cayera del cielo uno como el protagonista (con esos ojos, ese empaque y esa disposición para hacerse cargo), nadie hablaría más nunca del aborto. Así cualquiera.

martes, 9 de diciembre de 2008

¡Casi, casi!



De nuevo, igual que con la ya denostada Rachel getting married, el otro día me llamaron para decirme eh, tienes que ver esta peli, que es de las tuyas. Se trataba de Buscando un beso a medianoche, y sí, la cosa se presentaba apetecible. En principio es lo que llaman una talkie movie, esto es, una peli en la que los personajes se tiran hablando todo el metraje, sin importar demasiado el avance de la acción. Según los críticos, la peli bebe de Richard Linklater, y hasta su director es amigo del director de Antes del amanecer y Antes del atardecer, que para mí están entre las diez películas más bonitas que me he tragado y me tragaré en esta mi perra vida. Lo que les decía, apetecible. Además, la peli se presenta como un retrato de Los Ángeles, pero de un Los Ángeles desconocido, y eso también es un punto a favor. Más que apetecible, ¿verdad?

Pero una vez vista la peli, la realidad es bien diferente. Y no puedo decir que sea un pestiño porque mentiría. Sencillamente es que se queda corta. No está a la altura de las expectativas.

¿Por qué? Pues porque los personajes son majos, pero ya está. Los dialogos son graciosos, pero ya está. Las situaciones son casi reales, pero no terminan de serlo. Y el supuesto retrato alternativo de Los Ángeles está ahí, no voy a decir que no, pero me parece a mí que el alternativismo (¿existe esa palabra?) está más en el blanco y negro que en otra cosa. Un blanco y negro que además a mí me resultó pelín incómodo, sobre todo tratándose de una ciudad en la que yo mismo estuve este verano, y el mejor recuerdo que me dejó fue su luz, su sol que todo lo ilumina, y que tristemente, esta peli no capta.

Después he leído que la peli se grabó en dos escasas semanas y con apenas 25.000 dólares. O sea, que el mérito no se lo voy a quitar. Pero yo sigo a la busca de esa independent movie ideal, esa peli indie que más conecte conmigo y que cada vez me resulta más difícil encontrar. Así que, por favor, si insisto en ver americanadas como Crepúsculo o la de James Bond (a las que no consigo que nadie me acompañe a ver), no me lo echen en cara. Al menos con ésas sé a lo que voy, y no me quedo con esa extraña y desagradable sensación de casi que sí, pero no. Para mediocridades, las de la vida.

Y va otro de Isabel Allende

A aquellos que busquen un ensayo sociológico sobre Chile, Mi país inventado les parecerá una petardada; a los que busquen carnaza, sin embargo, se les quedará corto. En ese sentido, la Allende se explaya mucho más y mejor en La suma de los días, donde airea sus privacidades más jugosas para mayor placer de lectores petardos como el que esto suscribe.
Aun así, este libro que gira alrededor de la nostalgia (uno de los leit motivs de toda la obra de la Allende) se lee con gusto y en un santiamén. La Allende puede ser ligera y hasta pelín frívola, y este libro se nota que está un poco improvisado (hasta la propia autora reconoce que lo escribe sobre la marcha, y sólo le falta añadir que lo hace obligada por la editorial), pero a mí por lo menos no me deja ese regusto a hueco y despreciable que me dejó el Bayly de los cojones.
Quede dicho que la Allende es mi debilidad, y por tanto soy tremendamente subjetivo.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

El peso de la oquedad

Como buen fetichista, mis estanterías están a rebosar de libros, y aunque no he leído la mitad de ellos, la otra mitad son como un tesoro del que no me quiero desprender por nada del mundo. Cuando un libro me ha gustado, necesito que siga ahí por los restos para poder toquetearlo y ojear una y otra vez. Por eso me fastidia que, últimamente, los libros que más me gustan son libros que he sacado de la biblioteca, o que me han dejado. Historias que disfruté y que al terminarlas me abandonan sin que yo pueda evitarlo. Y por eso me fastidia aún más que, últimamente, todos los libros que compro me decepcionen e, irónicamente, éstos sí que se quedan en casa, ocupando un lugar en mi estantería y haciéndome reflexionar sobre el peso de la oquedad.

El último ha sido el de Bayly, El canalla sentimental. Sí, sí, ése que dije en otro post que estaba deseando comprar en la Fnac (y así hice). El libro es ameno y dicharachero, y se lee de una sentada, pero al terminar no he podido evitar sentir que no me ha aportado nada. Que ha sido un divertimento vacuo y frívolo, pero que no me ha enseñado nada. Y será que me ha cogido en la frontera de los 30, o será que llevo casi 3 meses encerrado en casa por culpa de un dichoso virus, pero la cosa es que uno piensa: ¿para esto cuatrocientas putas páginas?

Sánchez Dragó habla en su blog de la novela y suelta dos sentencias:
1) Habla de casi todo, o sea, de casi nada.
2) Será difícil que salga en los próximos años una novela superior a El canalla sentimental.

Yo me quedo, claro, con la número 1.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Trozos de vida (arggg)



Lo siento, pero voy a poner verde otra peli independiente, europea en este caso. Se trata de Hace mucho tiempo que te quiero, donde Kristin Scott Thomas está total, no he de ser yo quien lo niegue. Pero es que no soporto estas pelis que presumen de ser un trozo de vida, de escapar de las altisonancias de las americanadas, cuando puestos a analizar, el guión de ésta es de pura ciencia ficción, con algunas altisonancias que te ponen la cara colorada de la vergüenza ajena. La Thomas sale de la cárcel donde ha estado quince años y su hermana la acoge en su casa. El espectador no sabe los porqués y los va descubriendo poco a poco, quizás demasiado poco a poco (la lentitud contemplativa de la peli no hace recomendable ir con demasiadas cosas en la cabeza). El problema llega al final, cuando todo se sabe. Una vez que lo descubres todo te das cuenta de que con ese punto de partida, una historia verosímil jamás podría haber devenido en la trama de la peli. No quiero dar demasiadas pistas, pero nadie se puede creer que alguien asuma una condena de quince años por asesinato sin rechistar. Más aún, nadie se puede creer que su familia reniegue de esa persona durante los quince años y no intente conocer al menos las causas de esa condena. El punto de partida de la historia, es por tanto, un engaño. Las pelis americanas, por lo menos, no te tratan de vender la moto de la verosimilitud (una moto que además parece que va unida a la molesta costumbre de menear la cámara hasta la extenueción). Eso sí, el mérito de la Thomas es doble, porque carga con esta historia imposible y sólo con mirar a cámara la saca a flote.

No puedo con Calderón / El burlador es intemporal

Miércoles 19 de noviembre: Acudo al Teatro Pavón con mis compis del insti, a ver Las manos blancas no ofenden, de Calderón de la Barca. Ya sólo el título es lo que me ofende a mí, hartito como estoy de agravios y ofensas de honor. Pero me dicen que ésta no es un drama de honor, que es de capa y espada, y es verdad que los enredos en el teatro del Siglo de Oro me gustan, porque al ver esas obras me doy cuenta de que Friends y todas las demás sitcoms actuales no han inventado nada nuevo. Y la obra en su desarrollo no está mal, los enredos se hacen un poco pesados, como suele ocurrir, pero eso se perdona porque ya sabíamos que es como un capítulo de Friends pero alargado hasta el delirio. El problema es el final. Lo que se ha planteado todo el tiempo como una comedia romántica, acaba siendo una apología más del honor. El protagonista, que se ha tirado toda la obra encoñado de la condesa, y la condesa de él, termina casándose con otra para arreglar agravios. Y lo peor es que encima hay que aplaudir. Dirán que no puedo juzgar a Calderón con la mentalidad de hoy. Pero eso a mí no me vale. Ya estoy harto de la excusa de que los tiempos eran otros. Vale, los tiempos eran otros, pero que yo sepa, se considera obra mestra aquélla que es capaz de saltarse las barreras temporales y espaciales y apelar a sentimientos universales. Shakespeare lo hizo. Cervantes también. Hasta el propio Calderón con La vida es sueño, que es una obra que te pone los pelos de punta, y de una vigencia acojonante (y si no, vean Matrix). Pero es verdad que hasta en La vida es sueño está ese final de marras con el honor que todo lo decide. Qué jartura con Calderón.



Jueves 20 de noviembre: Acudo al Teatro Bellas Artes a ver El burlador de Sevilla. El verso de Tirso (o del que sea que la escribiera) es mucho menos denso que el de Calderón, hasta el punto de que ni parece verso. La obra tiene mucho más ritmo, y el montaje, más moderno que el del día anterior, no es que sea gran cosa, pero tampoco entorpece el devenir de la historia, que a medida que avanza, me atrapa más y más. Es lo bueno de ser como soy un profe de lengua diletante, que no he leído los clásicos y puedo descubrirlos en escena. Cuando veo que Tirso, o el que fuera, incluye en la segunda mitad de la obra la trama del convidado de piedra, entro en éxtasis. Conocía la tradición, pero no recordaba que Tirso la incluía en su burlador. Fran Perea, como el Tenorio, está poderoso. Los actores que le acompañan son desiguales, pero el texto es grande y todo lo puede. Cada vez que escucho uno de esos ¡Tan largo me lo fiáis! me viene un gustirrinín total. Menudo canto a la vida, al sexo y a la muerte, la verdadera santísima trinidad que rige el destino de los humanos, sin importar épocas ni lugares.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Emma a través del espejo



A Emma García no se le cae la cara de vergüenza de presentar las dos bazofias más genuinas que hay en la televisón actual. Qué va. A ella se la ve súper a gusto. Con sus dientes hipergrandes y debidamente blanqueados, su pelo teñido y ondulado, y sus largas uñas lacadas, a esta mosquita muerta la mierda que tiene alrededor parece que le resbala. Como si no fuera con ella.
Pero yo te digo, Emma, que te va a pasar factura. Un día te mirarás en el espejo y ya no verás ni los dientes, ni el pelo, ni las uñas, sino la mierda esa con la que no has dejado de revolcarte desde que llegaste a Telecinco.

Paola Ortega, redactora de la web de Telecinco, la describe así:
Rebosa energía, es crítica muchas veces, espontánea, hiperactiva, tenaz, luchadora y... sí, algo cabezota. Emma García nació el 8 de junio de 1973, en Ordizia (Guipúzcoa) y siempre soñó con dos cosas: ser feliz y periodista. Cuando terminó la carrera comenzó a trabajar en un periódico de Navarra; más tarde se abrió una televisión en la zona y decidió apostar por el mundo de los focos y los platós. Está claro que su decisión fue todo un acierto.
Emma García presenta en este momento los programas Mujeres y hombres y viceversa y El juego de tu vida. Y estoy seguro de que, a día de hoy, que esto sea un acierto no se lo cree ni ella.

martes, 18 de noviembre de 2008

El apocalipsis en las aulas / Más quemao que un rastrojo

Qué divertido, qué divertido, qué divertido el post que ha escrito un compañero de mi instituto, profe de Filosofía, con el que por cierto no me hablo (o él no me habla a mí, todavía no lo tengo claro). Por lo que leo, todo ha sido a raíz de un encontronazo con un grupo al que yo también doy clase, y que, dicho sea de paso, es de las mejores del centro. Pero a él, acostumbrado a no tener que vérselas con los niveles por debajo de 4º de la ESO, se le ha debido atragantar.
Sea como sea, al post no le falta razón, y si yo llevara 20 años dando clases, más quemao que un rastrojo (que hay muchos de ésos en mi insti) y ahora me endiñaran la absurda e hipócrita asignatura de Educación para la Cuidadanía, también me daría por echar espumarajos apocalípticos por la boca como los que se pueden leer aquí.

¡Quiero ser un vampiro!

“Hay tres cosas de las que estoy
completamente segura.
Primera, Edward es un vampiro.
Segunda, una parte de él
se muere por beber mi sangre.
Y tercera, estoy total y
perdidamente enamorada de él.”

Esto es lo que reza la contraportada del libro (del único libro, aparte de los de texto) más paseado por las adolescentes en los pasillos de mi instituto. El libro es gordo y forma además parte de una tetralogía en que las otras partes son iguales de gordas. Y este resumen de contraportada, es verdad, da como risa. Yo, cuando les pillo el libro a mis alumnas, lo leo impostando la voz primero con grandes suspiros y luego soltando estentóreas carcajadas despectivas. Pero por dentro pienso: "quién tuviera quince años para hincarle el diente a esto". La vergüenza torera me impide leerme el libro ahora, y sospecho que si lo leyera, a mis treinta años, más de un pasaje me haría enrojecer del ridículo. Pero estoy casi seguro de con quince, otro gallo me hubiera cantado.



Porque en mi época no tuvimos ni crepúsculos ni eclipses, ni lunas nuevas, ni amaneceres, pero sí que tuvimos a la loca de Anne Rice, que nos regaló unas crónicas vampíricas jugosas jugosas (las cuales terminaron siendo un delirio, pero eso ya qué importaba). Recuerdo que Entrevista con el vampiro, leyendo en mi cuarto de adolescente, me lo terminé a las 7 de la mañana. La Rice reinventó el mito de los vampiros de una manera que me tuvo dos noches seguidas sin dormir. Después vino la película en forma de gran decepción, porque la vi apenas unos días después de terminar el libro y claro, eso no se hace, primero hay que descontaminarse. (La verdad es que la película es, juzgada con distancia, bastante buena). Pero a lo que iba. Tras el primer libro, me zambullí en una segunda parte, Lestat, el vampiro, menos profunda, menos sentida, pero sí mucho más divertida que la primera. Creo que ésta me la he llegado a releer luego hasta dos veces más (y sí, ya lo sé, todo eso mientras el Quijote seguía en la estantería muerto de risa, espero que alguien me absuelva de ese pecado). La tercera parte, La reina de los condenados, era ya un despiporre descarao, a ratos bastante coñazo, en el que a la Rice se le fue un poco la cabeza. Más partes se fueron añadiendo luego a la trilogía original, ésas ya infumables del todo. Pero aun así el camino vampírico mereció la pena. Y la obsesión echó raíces.



Vamos, que me tiré gran parte de la adolescencia imaginándome un vampiro doliente, al estilo del taciturno Louis, y aún a veces me lo sigo imaginando, si bien, tristemente, cada vez menos. Es lo que tiene hacerse mayor. Ésa es la putada. Por eso, cuando veo a los chavales pasear los libracos de estos nuevos vampiros ideados por Stephenie Meyer, por muy petardos que parezcan los libros, no puedo evitar sentir esa punzada de nostalgia, y a la vez la alegría de saber que los tiempos no han cambiado tanto. Ellos, como yo lo quise, también quieren ahora ser vampiros.

Pronto toca explicarles a los de 4º de la ESO el Romanticismo. A unos chavales que cada vez veo más lánguidos, más de vuelta de todo, más del rollo "emo" y más vampíricos que nunca. Si no entienden el espíritu romántico, aunque sea a grandes rasgos, estará claro que la culpa será mía, porque para románticos (románticos insoportables, pero románticos al cabo), ellos.

Y ahora, les dejo con el trailer de Twilight, la versión en cine que ya está al caer y que, ahora sí, no pienso perderme por nada del mundo:

Llena eres de gracia



Ya están los anuncios por todo Madrid, y no, no me refiero al Cortylandia, sino a la Gran Vigilia de la Inmaculada. Una cita ineludible que, en olor de multitudes (porque los kikos se lo montan que te cagas), estará presidida ni más ni menos que por Rouquito. Pues ea, a cantarle a la virgen y al sindongo dogma de la Inma Concha, que cumple 150 años, pero que no tiene la enjundia de otros dogmas católicos, mucho más divertidos. Éste, el de "la Inma", la iglesia se lo sacó de la manga en 1868, con el Papa Pío IX. Una época ya muy atea y de vuelta de todo en la que, habrán de coincidir conmigo, ya no pegaba inventarse nuevos dogmas.

El dogma de la Inmaculada Concepción no es el que la gente normalmente piensa. Lo de que la Virgen fue, valga la redundancia, siempre virgen, antes, durante (sic.) y tras parir a Jesucristo, es un dogma mucho más antiguo, del año 649, en el Concilio de Letrán. Lo de cómo consiguió mantener la virginidad antes, después, y sobre todo, durante el parto no me pidan que lo explique. Pero no me negarán que el dogma es divertido, y tiene un aire muy de leyenda mítica, al estilo de los dogmas de la Iglesia primitiva. No como el de la Inmaculada Concepción, basado en razonamientos mucho más intelectuales y por tanto, un coñazo. Los razonamientos, ahí los tienen, copiados de wikipedia:
Inmaculada Concepción de la Virgen María: los católicos afirman que la madre de Jesús fue preservada del pecado original por privilegio especial divino desde el momento mismo en que fue concebida en el seno de su madre, Santa Ana (Lc 1, 28). Esta doctrina, basada en el contenido del texto de Lc. 1, 28 («El ángel entró donde estaba María y le dijo: -Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo») y Lc 1, 42 («Y levantó la voz para decir con cálido acento: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!»), y en la Tradición Sagrada. El origen de por qué fue formulado este dogma está en el problema cristológico de la identidad de Jesús como Hombre y Dios al mismo tiempo y en la misma persona, según el dogma católico. Quienes se contraponían a este dogma argumentaban que si Cristo fue hombre en todos los sentidos, también lo sería como portador del pecado original (otro de los dogmas del catolicismo). De esta forma, tanto para defender el dogma de la identidad Hombre-Dios en la misma persona de Jesús como para defender el dogma de que Cristo fue Hombre en todos los sentidos menos en el pecado, surgió el dogma de la Inmaculada Concepción.
Lo que les decía, un coñazo.
Besos a todos y buena vigilia. Yo me iré de vinos, a ver si el tintorro me ilumina. Porque lo que es este dogma...

domingo, 16 de noviembre de 2008

Ay, Anita, que no levantas cabeza

La Regenta es el libro con el final más destroyer que he leído en toda mi vida. No voy a decir que no me costara leerlo porque entonces mentiría. De joven lo intenté varias veces, y no pasé del primer capítulo, acostumbrado como estaba al ritmo de los bestsellers de Michael Crichton. Me puse a él, ya de verdad, hace tres años, justo en el curso que dediqué a las oposiciones para ser profe de lengua, porque se me caía la cara de vergüenza eso de presentarme a las opos sin haber leído las dos novelas indispensables: Quijote y Regenta. (Lo irónico es que al final al Quijote no le llegué a hincar el diente, y ahí sigue pendiente, pero ésa es otra historia.)

Volviendo a La Regenta, el primer tomo no fue un suplicio porque me lo tomé con filosofía; en medio, iba alternado la cosa con otras lecturas más ligeras. A los dos o tres meses, cuando alcancé el segundo volumen, tomé el sprint. Y ya no paré, hasta el final. Ahí comprendí que ese casi suplicio del primer tomo es necesario, porque Clarín se lo monta de manera que el vértigo del desenlace en la segunda mitad sea apabullante. Todo cuadra en esta historia de auténtico gore que analiza y desmenuza lo peor de la naturaleza humana. Clarín, como buen hijo de puta (pero de los inteligentes), saca lo más ruin y los más patético de cada personaje y los revuelca por el barro una y otra vez. Estudiadores y filólogos le llaman a eso crítica social, yo casi lo llamaría sadismo; un sadismo que te cagas. Y Clarín no salva ni siquiera a la protagonista. Porque a la tercera vez que la insulsa y mojigata de Anita Ozores se pone mala, ya tampoco hay quien la soporte a ella. Al final terminas por no poder con ninguno de los personajes, pero enganchadito perdido, y saboreando momentos como los de la procesión, de un goce sádico total para el lector.

La edición que yo me leí fue la de Cátedra, salpicada de notas al pie que te ralentizan la lectura, y que por eso, especialmente en el primer volumen, se pueden volver un coñazo. Pero también es verdad que te sirven para no perderte nada de lo que Clarín plantea. Al final, incluye esta ilustración que yo no he olvidado, un dibujo con nuestra Anita de marras por los suelos, en el que todo se ve negro negro. Como el final de la novela. Como la sociedad que Clarín debió ver a su alrededor. ¡Dios mío, cuánta miseria humana!

jueves, 13 de noviembre de 2008

Extrañamiento

Lo de Bayly en el post anterior me ha llevado a seguir buceando en la red y encontrar esta entrevista de Losantos a Alaska, que no es que tenga una enjundia especial, pero que cuanto menos me ha sorprendido. Federiquito está mucho más sosegado que en la radio, y a Olvido Gara es, como siempre, un placer escucharla. Buceando aún más, resulta que ambos son amigos personales desde hace más de 25 años, y que encima ella colabora en su programa de la Cope, donde dice sentir plena libertad para "ser como es y hablar como ella habla".
La entrevista, aquí:



Alaska me encanta tanto si trabaja en la Cope como si no. Que quede claro. Pero todo esto me da la sensación de estar perdiéndome algo. Sí, ya sé, en esta España bipolar (periodística y políticamente hablando) los librepensadores nos causan extrañeza y hasta desasosiego. Y yo soy el primero que no traga con el pensamiento único de la izquierda española. Que también se desespera a veces cuando escucha la SER o lee El País. Con la Cope no me desespero porque directamente no la escucho, y cuando me la encuentro en el dial, rara es la vez que no me llevo las manos a la cabeza a los dos mimnutos. En cuanto a El Mundo, igualmente apenas lo leo, pero me hace gracia que dé cabida a columnistas de todos los colores, desde el propio Losantos a Raúl del Pozo, y que se peleen entre ellos, y que hasta se pongan verdes.

Y aún así, cuando veo juntos a Alaska y a Federico, en amor en compañía, no puedo evitar tener esa sensación de estar perdiéndome algo. De estar viviendo una realidad paralela. ¿Seré yo entonces el corto de miras?

¿De qué va Bayly?

Agosto de 2008: Jaime Bayly, peruano, bisexual, amigo íntimo de Boris Izaguirre y agitador de masas allá por la américas, entrevista desde Miami a "su amigo" Federico Jiménez Losantos. Una entrevista aduladora y no exenta de interés, que a ratos divierte, a ratos da vergüenza ajena y a ratos es, directamente, insultante. Aquí tienen la primera parte de la entrevista. Entren luego en Youtube para ver las siguientes:



Octubre de 2008: Jaime Bayly vuelve a adular a Federico en su programa y transmite íntegra la entrevista que hace pocos días le ha hecho el periodista en la Cope. Aquí, la primera parte. Buceen en Youtube para ver las demás:



También en octubre de 2008: Bayly, ahora desde Perú, en su programa El francotirador, vuelve a adular a Losantos, dejando claro ahora que discrepan en ciertas cosas, e incluye íntegra la entrevista que le ha hecho Losantos, ahora en su programa de la tele La noche de Federico. Vean la primera parte:



Noviembre de 2008: Bayly va a Buenafuente, donde con unos cuantos chascarrillos pone veladamente verde a Federico. O a mí me lo parece, no sé. Por última vez, y si no se han hartado ya, chequeen ustedes:



¿Conclusiones?: Pues aparte de que Bayly se ha tirado estos cuatro últimos meses avión pacá avión pallá, yo no sé ustedes, pero servidor no sabe qué conclusiones sacar. Está claro que escuchar la Cope no pienso escucharla, pero mañana mismo corro a la Fnac a comprar el libro de este energúmeno tan divertido. Y ya les contaré.

martes, 11 de noviembre de 2008

Más de Shia



A Guide to Recognizing Your Saints
le echa un ágil vistazo a la vida en el Queens de los años 80. A una zona, la de Astoria, que por lo que se ve en el film, en aquella época era algo así como un ghetto y hoy se ha puesto de moda. En suma, una peli independiente, de la factoría Sundace (ya saben, el festical indie de Robert Redford), con una historia algo manida pero que se plantea de manera bastante original, tanto en la puesta en escena como en la fotografía. Vamos, que no resulta nada cargante. No es como esas chorradas pseudo-independientes tipo Juno, así que merece la pena.

También sale el chavalito Labeouf, menudo crack.

Por cierto, no me pregunten por el significado del título original, porque después de ver la peli, no tengo ni idea. Es el mismo título del libro que el propio director, Dito Montiel, escribió antes de hacer la peli, que en español tiene el redundante título de Memorias de Queens (arg...).

domingo, 9 de noviembre de 2008

Los ojos de Shia



Desde Algunos hombres buenos, con Tom Cruise, no recordaba un blockbuster tan lleno de primeros planos como los de Shia LaBeouf en La conspiración del pánico. Lo de Tom Cruise se entendía, por guapo. Lo de Shia LaBeouf es, literalmente, comerse la cámara. La peli es un divertimento bastante digno, pero poco más. El mérito está en este chaval que con apenas 22 añitos sabe soportar el peso de la historia y una incontable cantidad de primeros planos como un auténtico campeón.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Los italianos saben acerca de lo que más importa



Siempre es un regalo para los oídos ver una película italiana en versión original. Y si encima son de esas pelis que te ayudan a reencontrarte contigo mismo, mejor. Hace poco vi Saturno contro, y ahora acabo de ver Le chiavi di casa. Dos cintas en las que impera la melancolía, pero también la esperanza. Dos lecciones de vida que te dejan con el corazón encogido, pero de las que sales siendo más persona. Qué necesario es también este cine...

viernes, 7 de noviembre de 2008

La realidad como tejido de los sueños

1) Sí, es verdad, mi pasión hacia los Estados Unidos está mediatizada por las historias que desde mi infancia he vivido a través del cine y, en menor medida, la literatura. Pero no por eso es menos pasión. Los states son y serán ya por siempre ese escenario mitificado y mistificado, tejido de los sueños, donde han tenido lugar esas ficciones que tanto me han alienado y a la vez me han hecho crecer como persona.

2) Nunca me gustaron los relatos de aventuras. De pequeño tuve en mi habitación la colección completa de Julio Verne y jamás me tentó. A Tolkien sólo le pude plantar cara de adulto; antes nunca soporté las fogatas en el bosque, lasd pociones mágicas y los duelos de espadas. Prefería las historias normales, las vidas corrientes, que casi siempre ocurrían en Nueva York, o en Chicago, o en Los Ángeles, o en un pequeño pueblo de New Hampshire (aunque nunca tuviera muy claro dónde caía New Hampshire).

3) Pon por ejemplo el típico diner americano. En realidad no hay un sitio más manido que un diner. Pero en ellos se han fraguado tantas historias y el corazón me ha dado tantos vuelcos que un diner ya nunca será un diner, sino mucho más.



4) Entre los autores patrios he encontrado a muy pocos capaces de convertir los escenarios autóctonos en tejido de los sueños. Capaces de hilvanar historias corrientes con una fuerza tal que los rincones normales se tiñeran de esas mismas emociones. Pero algunos sí lo han conseguido.

5) La primera vez que lo sentí fue con una película: El cielo abierto, del tándem formado por Elvira Lindo y Miguel Albaladejo. Al verla, de pronto Madrid se me reveló como un espacio riquísimo en el que se podían contener miles de historias emocionantes. El tándem hoy se ha disuelto pero, sin desmerecer a Albaladejo, sé que la fuerza creadora que convertía a Madrid en tejido de sueños era Elvira Lindo.

y 6) Ahora acabo de terminar El otro barrio, un libro que Elvira terminó ya hace años, y en él, como en casi todo lo que escribe esta mujer, está esa fuerza arrolladora que convierte el barrio de Vallecas y los rincones del Madrid más convencional en espacios que dejan de ser físicos para contener esas emociones de las que están hechas los sueños. Y no me refiero sólo a la metáfora de la que Elvira se sirve para aludir al más allá. No, es más que eso. Es la capacidad de re-crear esos lugares que ya existen (Vallecas, la avenida de la Albufera) y hacerlos inmensos, infinitos, para que todos quepamos en ellos, igual que en ese diner perdido en la noche de cualquier ciudad americana.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Lo peor y lo mejor del mundo

Lo peor: la Asociación Nacional del Rifle, las grasas saturadas, George W. Bush, el creacionismo, la cienciología, el cinturón de la Biblia, la caza de brujas, Vietnam, la guerra de Irak, el sistema de castas en los institutos, Las Vegas de día, el (denigrante) sistema sanitario, el puritanismo y la teta de Janet Jackson, Hollywood Boulevard (por decadente), Beverly Hills y Rodeo Drive (por horteras), la obligación de tener coche, el complejo de ser el centro del mundo, la necesidad de salvar al mundo, las hipotecas subprime, el capitalismo feroz, el absurdo sueño americano...



Las Vegas de día, Tom Cruise (el nuevo redentor) y la teta de la Jackson.

Lo mejor:
Nueva York, el Metropolitan Museum, el buen rollito del barrio de Mission, en San Francisco, Woody Allen, las comedias románticas (con y sin Meg Ryan), las pelis de institutos, los Starbucks, los muffins de arándanos, los onion bagels con cream cheese, el sol de Los Ángeles, las rutas vinícolas por Napa Valley, Yosemite, Steven Spielberg, Doctor en Alaska, Buffy Cazavampiros, Expediente X, Cantando bajo la lluvia, el Walgreen's abierto 24 horas, GAP, la Entertainment Weekly, el dólar devaluado, la atención al cliente en la hostelería, David Leavitt, la Streisand, Rosa María Molló, corresponsal de TVE en USA, la inocencia americana frente al "estar de vuelta de todo" europeo...
...y, por supuesto, Obama.



Yosemite, un bagel (yummy!), Doctor en Alaska y Rosa Mª Molló.

Barack le ha devuelto el optimismo al mundo


Miren qué portada. Emocionante, ¿no?

martes, 4 de noviembre de 2008

La realidad es un rollo (y además no es real)



Fui a ver La boda de Rachel aconsejado por Kubelick, que sabe que me pirran las películas familiares y de sentimientos con unidad de espacio y tiempo, del estilo de A casa por vacaciones o Los amigos de Peter. Pero no me avisó del tono soporífero que Jonathan Demme se ha marcado con esta su última cinta. Me explico. La peli destripa sentimientos de la manera en que me suele gustar. Sostiene la (manida pero que a mi me encanta) tesis de que la familia saca lo mejor y lo peor de uno. Trae de vuelta a Debra Winger, cuya aparición en la peli te deja mudo. Y la actuación de Anne Hathaway es genial. Pero para de contar.

El resto, además de mareante, es un rollo mortal. A Jonathan Demme parece que ahora le gusta el documental, pero de ahí a tragarte todo un ensayo de boda y la consiguiente boda familiar cámara en mano y sin que pase nada, hay un paso. Señor Demme, yo no me trago ni la boda de mi prima, conque más la de estos pijos de Conneticut a los que les hace falta urgentemente una lobotomía.

El primer fallo de la película es ése precisamente, el alargamiento del metraje cuando lo que se cuenta, el meollo dramático, da para una hora escasa. Así, el espectador se pasa toda la peli esperando a que la trama de verdad, en medio de tanta paja, avance algo. Y está bien que Demme requiera de un espectador activo, que a modo de espectador real vaya hilando la verdadera historia tras la parafernalia mareante de la cámara en mano. Pero cuando los hilos que se han de hilvanar aparecen cada media hora, pasamos de un espectador activo a un espectador aburrido. A destacar, sobre todo, los doscientos cincuenta mil brindis en la cena de ensayo y las trescientas ochenta mil actuaciones, a cada cual más friki, tras el banquete de bodas, que además van justo antes del desenlace, y hacen que el final de la peli se eternice.

El otro fallo de la cinta está en el meollo dramático en sí. Este fallo es más discutible, pero para mí ha sido esencial. Este tipo de pelis trata de analizar las relaciones humanas, en este caso las familiares. Y nos suelen servir de espejo, porque tanto nosotros como nuestras familias nos vemos reflejados. Me encantan esas pelis, en las que se ve cómo en el fondo todos somos unos disfuncionales, con nuestras miserias y nuestras grandezas. Pero es que en el caso de esta peli la disfuncionalidad familiar se debe a algo en especial que no he de ser yo quien lo revele (por aquello de no fastidiar la peli). Y es justo ese algo lo que hace que la radiografía familiar y el retrato de la naturaleza humana ya no sea tan extensible. Estamos ante una historia muy particular (aunque no por ello menos legítima: ya digo que es tal vez mi culpa, por esperar un tratado sobre las relaciones familiares y encontrarme con un dramón de tomo y lomo con tintes de culebrón, lacrimógemo como él solo y disfrazado de cinéma vérité, todo ello aderezado con la labor de un cámara con serios problemas de parkinson).

viernes, 31 de octubre de 2008

Sin aliento



Sin aliento.
Así te deja el último montaje de Animalario sobre la vida del mítico boxeador Urtain (del que yo, nacido en el 78, no sabía nada antes de ver esta obra).
Sin aliento.
Así debe quedar toda la troupe de actores al terminar cada función, en la que se nota que lo dan todo. Especialmente Roberto Álamo, impresionante dándole vida a Urtain en una caracterización al más puro estilo hollywoodiense (pero en el buen sentido).
Sin aliento.
Así es el vertiginoso ritmo de este montaje de de una hora y 40 minutos, en el que te olvidas de que estás en el teatro para sumergirte de veras en la historia (algo que yo creo que tiene un mérito tremendo; el espectador de hoy, acostumbrado al estímulo del cine, eso no lo tiene tan fácil).

Náufragos políticos y náufragos de cartón piedra

Si algo tiene la infancia es que es incansable. De niño vi una y otra vez la película de la Disney El tenente Robinson, en la que Dick Van Dyke encarnaba a un Robinson Crusoe moderno. La peli no puede presumir de haber pasado a los anales de la historia del cine, pero a mí me encantaba. Sobre todo la primera parte, en la que el náufrago Dyke se pasaba todo el rato en una balsa, antes de llegar a la isla desierta. La secuencia era un cúmulo de sketches absurdos, con visita de tiburón incluída, que sin embargo a mí me encadilaban.

Años después leo Relato de un náugrago, de Gabriel García Márquez, y no he podido evitar recordar todo el rato aquella película de mi infancia. Imagino que nada más lejos de la intención de Gabo que hacer recordar al lector los chascarrillos de Dick Van Dyke. Pero las conexiones de la mente son inescrutables, y las vivencias de cada uno mezclan lo sublime con lo absurdo más veces de lo que queremos reconocer.

Relato de un náufrago me ha gustado, sobre todo a partir de la primera visita de los tiburones al protagonista. (Ya os contaré en otro post mi obsesión recalcitrante y freudiana con los escualos.) Y claro, está también el mensaje político, pero a día de hoy, pasado más de medio siglo, no lo recomendaría por ese mensaje rerivindicativo, sino por la historia en sí. Además, yo lo he leído contemplando la posibilidad de hacérselo leer a mis alumnos de 2º de la ESO, conque no me ha interesado tanto ese mensaje como el ritmo interno y la amenidad del relato. Y sí, supera la prueba.

Ni que decir tiene que de Gabriel García Márquez el libro apenas tiene el nombre en la portada y poco más. La impronta de Gabo yo aquí no la he visto por ningún lado. Claro, en el fondo no es un libro al uso, sino un reportaje publicado por el Gabo periodista, sin ninguna intención de construir una novela al modo de sus grandes obras posteriores. Esto en realidad no es ni negativo ni positivo; lo dejo caer sólo a modo de aviso: no está en este libro esa prosa tan característica, ni esa noción del tiempo, ni ese realismo mágico que el lector suele buscar (y felizmente hallar) en García Márquez. Aun así, el relato se lee en un suspiro, es bien entretenido y merece la pena.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Siempre al acecho, la omnipresente Obra

Escribo este blog desde hace apenas un año, y en todo este tiempo no es que se haya convertido precisamente en un rincón popular de la web. Está bien así. No era lo que pretendía de un sitio que me sirve más para desahogarme que para buscar alteregos. Aun así, cada vez que escribo una entrada, espero con ilusión recibir algún que otro comentario, aunque sea a la contra. Pero esto no es común: sé que me leen pocos, y aún menos hay que les dé por comentar mis posts. Por eso me sorprende que a las pocas horas de escribir sobre Camino, la película, ya tenga una réplica. Por si no la han leído, ésta es.

Los opusinos, que son lo que no hay. Me ha hecho hasta gracia. Y por supuesto, ilusión. Un comentario que da pie al debate. Y a mí me falta tiempo para la réplica.

Para empezar, el numerario o supernumerario o simpatizante de la Obra que me escribe el post se pone de lado de la familia de Alexia por el insulto que supone la adaptación de la vida de esta chica a cargo de Fesser. Yo, por mi parte, comprendería este malestar si Fesser hubiera contado de verdad de historia de esta tal Alexia, pero no es así. Fesser cuenta una historia de ficción parecida a la historia real de Alexia, pero NO la historia de Alexia. En el momento que Fesser le pone otro nombre a su personaje, no hay insulto que valga. Intención de tocar las pelotas tal vez, pero no insulto.

Después he entrado en la web de los amigos de Alexia, que este (super)numerario/a anuncia, y en ella leo un comunicado en el que la familia de la chica se queja del siguiente mensaje que aparece en la película:

"A la memoria de Alexia González-Barros, fallecida en Pamplona en 1985 y actualmente en proceso de beatificación."

Es verdad que aquí se podría acusar a Fesser de poco tacto, porque si decide contar una historia tan parecida a la de Alexia, pero tan desvirtuadora a la vez (al menos a los ojos del Opus y de la familia), dedicar la película a la memoria de la chica en cuestión lo convierte, ahora ya sí, en un tocapelotas. Pero después he pensado: son esta familia y el Opus los empeñados en convertir a Alexia en un referente, en un personaje histórico (como lo es todo santo). Y todo personaje histórico es susceptible de ser revisado, admirado o denostado por las sucesivas generaciones. Es lo que hay. Alexia bien podría haberse quedado en el anonimato, pero en la Obra decidieron que habría de ser un ejemplo para la posteridad. El problema es que ese ejemplo no tiene por qué ser entendido de la misma manera por todos. Estaría bueno. El acercamiento de Fesser a la figura de Alexia es por tanto, tan lícito como el de la constreñida ortodoxia opusina. Por mucho que ahora a ellos no les haga gracia. ¿Querían posteridad, señores? Pues toma posteridad. Fesser (qué grande) os la ha servido en bandeja, y con todo el glamour del celuloide.