jueves, 3 de enero de 2008

El profesor del deseo


No, no hablo de mí, sino del libro que acabo de leer, de Philip Roth. Ahí va, tal como le he contado a Pepa:

Llevaba todas las navidades atascado con La busca de Baroja y La isla del tesoro y era incapaz de terminarlos. El primero, por el rollo bajosfondosrealismosucio que es que no puedo, y el segundo por las aventuritas de piratas, que tampoco. Así que cuando volví a Madrid, el otro día, me fui a la Casa del Libro, busqué la R en la estantería de novela extranjera y entre Zuckerman encadenado, La conjura contra América y uno del que no había ni escuchado hablar, cogí el tercero. El profesor del deseo, con no sé si un melocotón o una manzana en la portada (¿por qué esta fruta es un símbolo sexual? ¿por Adán y Eva o porque parece un culo?).

Y a lo que iba, no sé si me ha gustado o no, pero me lo he trincado en dos días. Fuera Baroja, fuera Stevenson, fuera todo ese rollo de clásicos juveniles que no me gustaron ni de adolescente (la colección completa de Julio Verne sigue en mi cuarto de Sevilla, muerta de risa). Este rollito judeoamericano sí que me pone. Además, que son los referentes que ya tengo (por David Leavitt y Michael Chabon) y que siempre son los mismos: son novelas sobre escritores o profesores (rollito metaliterario), con las que aprendí el significado de la palabra "galeradas" (que jamás he visto en otros contextos); con mucha obsesión sexual (homo o hetero, no importa) y con protas bastante cínicos, egoístas y despreciables (Como el de Ángeles en América, estos judíos son totales, aunque miedo me daría tener uno como amigo), sin que les importe confesar todas sus vilezas (algo que un católico no hace ni muerto, pa eso está el cura, en el calor del confesionario). Ah, y se me olvida, casi siempre hay una madre que se muere de cáncer.

Pues eso, que el profesor del deseo este es un tío petardo, un tan David Kepesh al que en el fondo sólo le gustan las guarrerías en la cama y buscarse la ruina con un rollo muy autodestructivo. Hay escenas del libro que me han escandalizado un poquito, porque yo esto del sexo en los libros no lo llevo muy bien. Una peli porno, vale, pero el porno literario me hace sentir como culpable. Será el rollo clandestino que tiene la lectura; eso de estar leyendo, en el metro, en presencia de un montón de gente, las más perversas guarrerías, sin que nadie se inmute, es raro. Y este Roth es perverso, vaya si lo es. En las críticas de Internet dicen que es posmoderno, que digo yo que viene a ser lo mismo.

El tío llena el libro de referentes literarios, sobre todo con Chejov, al que no tengo el gusto. Pero de pronto, en Venecia, para describir las góndolas, acude a Mann y yo pienso, ¡ésa me la sé, ésa me la sé! ¡La muerte en Venecia!. Y uno se siente como menos gañán.

Eso sí, a este tronco le gusta una subordinada cosa fina, sobre todo las adjetivas, hasta el punto de que cuando ya ha soltado la parrafada entre guiones, se apiada del lector y repite el antecedente. ¡Esto lo hace muchísimo!

Una última cosa: a lo largo de la novela se repite la expresión "ni que decir tiene" como veinte veces (bueno, a lo mejor menos) y me ha rayado bastante. No sé qué expresión será en el original (¿needless to say?) pero me raya en un escritor de tan alto nivel el abuso de esta coloquialidad que tampoco aporta mucho. A lo mejor hay que echarle las culpas al traductor, no sé.

Bueno, pues eso, que me ha gustado, pero nada más terminarlo me he cogido El amor en los tiempos del cólera, a ver si así me desintoxico y vuelvo a creer en el amor, porque después de tanto cinismo uno se queda un poco KO. Desde mi adolescencia que no leía a americanos (La casa de los espíritus, Cien años de soledad…) y me está encantado el reencuentro, porque el cabrón de García Márquez escribe como Dios. Y eso que reconozco que el realismo mágico, con su ausencia se diálogos, también satura…

1 comentario:

Mario Alberto Bautista dijo...

Hey, esto es raro; resulta que yo quiero leer el libro de Roth y tampoco he podido con La busca de Baroja (de hecho clasifique la novela en la categoría "abandonados" de mi Goodread, aunque La ciudad de la niebla me encantó. ¡Y ahora me topo en Internet con este post tuyo! Un saludo desde Chiapas, México.