martes, 8 de enero de 2008

Un siglo XXI ¿laico?


En El País (6-1-2008):
España, frente de batalla contra el laicismo

Josep Ramoneda: Iglesia y política

Siempre he sido benévolo con la Iglesia. Al menos con esa iglesia de base que, es verdad, tanto bien hace, aunque sea a espaldas del Vaticano. Y las ONG’s, que todo el mundo sabe que las que mejor funcionan son las religiosas, no las laicas.

Todo eso está muy bien, pero yo vengo a hablar de principios, de unos principios que ya no me permiten pasar por el aro de ese eterno y engañoso “tú también eres Iglesia y debes cambiarla desde dentro”. Porque me he dado cuenta de que, para bien o para mal, yo no soy Iglesia, y si lo soy, no tiene nada que ver con Ratzinger, ni con San Josemaría Escrivá (y por cierto, qué horterada, lo de “Josemaría”, asín, todo junto), ni con Kilo Argüello (y su camino neocatecumenal, una especie de opus pero en pobre, que digo yo que ya que te pones, lo haces a lo grande, y con dinerito, como en "la obra"). Es más, ni siquiera tengo nada que ver con los jesuitas más progres o con ese arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, que tan bien me cae y que se ha negado a participar en esas grotescas manifestaciones antimariquitas.

No, si he de pertenecer a algo, la iglesia a la que yo pertenezco no es esa, y por eso no puedo, ni debo, si sigo mis principios, colaborar desde dentro para cambiarla y mejorarla. Mi deber no es trabajar para hacer una iglesia mejor, mi deber, en conciencia, debería ser luchar para destruir esa Iglesia representada por el Vaticano, y que tiene una sede en cada una de nuestras ciudades, de nuestros barrios. Sí, sé que hay curas, en la base, que trabajan por la causa, y por eso no seré yo quien salte, pero hasta esos curas forman parte de una pirámide cuya cúpula es Ratzinger; forman parte del sistema, de un sistema que constituye una amenaza para mi dignidad y la dignidad de millones de personas. Su adscripción a ese sistema, por muy bien que me caigan, los hace ser parte del enemigo.

Pero claro, la próxima vez que unos amigos se casen por la iglesia, a ver quién es el guapo que se niega a entrar en la misa…

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