sábado, 11 de julio de 2009

Madrid vs. Barcelona



Bienvenidos, señoras y señores, al combate más esperado de la temporada. Un combate que se ha venido forjando a lo largo de las pasadas décadas y que, últimamente y más que nunca, está en boca de todos. Un combate singular y absurdo que no por eso deja de crear la máxima expectación. Madrid vs. Barcelona. Los veinteañeros y treintañeros españolitos de a pie, la generación más inconformista jamás nacida en este nuestro paisito lleno de ínfulas, no sabe por qué ciudad decidirse. ¿Cuál refleja mejor nuestra nueva manera de ver el mundo? ¿En qué ciudad seremos más libres? ¿En cuál habremos de escapar del cuadriculado pensamiento de nuestros padres? ¿Cuál es la ciudad ideal para dejar atrás el pueblo?

La capital del reino vs. la capital de moda. La villa vs. la ciudad condal. Un parque temático desfasado y sin parangón en medio del secarral de la meseta, vs. el orden y el concierto entre la playa y la montaña. Castellano vs. catalán. Apertura vs. onanismo. Caos vs. silencio ("a Gràcia no facis soroll..."). Hordas de inmigrantes (estranjeros cutres) vs. hordas de guiris (extranjeros guays). Tapitas vs. restaurantes. Cosmopolitismo cateto vs. provincianismo cosmopolita. Un poblacho de cinco millones vs. una ciudad de dos. Cemento vs. arena. El clima de cuchillos de la meseta (Maruja Torres dixit) vs. la humedad asfixiante y el eterno sudor pegado al cuerpo. Todo lejos vs. todo a mano. Asfalto vs. bicicletas. El pelo largo, a lo Pantoja, y los pendientes de aros vs. el flequillo kaleborroka y las gafas de pasta. Lavapiés vs. Raval. Gayxample (zzz...) vs. Chueca. Chinos vs. pakis. Preciados vs. Portal de l'Àngel. Sol vs. Catalunya. Gran Vía vs. Passeig de Gràcia. Retiro vs. Güell. Plaza de España vs. Plaça d'Espanya. Plaza Mayor vs. Plaça Reial. Real Madrid vs. Barça. Bernabéu vs. Nou Camp. Tele y cine vs. teatro. Comer a cualquier hora vs. horarios europeos (después de las once, a cenar a casa). Bares vs. farmacias. Cañas vs. homeopatía.
Y así hasta la eternidad. Qué aburrido, ¿verdad?

***

De siempre me pareció que Barcelona era una ciudad mucho más punki, mucho más alternativa y llena de tatuajes, por ejemplo, que Madrid. Pero el otro día iba andando por la Gran Vía madrileña con una amiga de Barcelona, y va y me suelta:
-Hay que ver la cantidad de peña tatuada que hay en Madrid.

Al final va a ser que todo es subjetivo, y que en este combate absurdo y sin fin nada es lo que parece y todo depende de la manera que cada uno tiene de verse reflejado en esas calles, esas aceras, esos semáforos y esos parques que, a la larga, no son tan distintos.

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