lunes, 16 de febrero de 2009

Pongo La 2 y...

...están poniendo Caminar sobre las aguas, de Eytan Fox. Qué peliculón...

martes, 10 de febrero de 2009

Lucidez en La duda



Lo que más me ha gustado de La duda no ha sido la ambigüedad de sus personajes, sino el diálogo que mantiene la madre interpretada por Viola Davis con la monja Meryl Streep. De una lucidez apabullante. Es una conversación que se adentra en todos los tabúes sociales que imperan hoy día con respecto a la pedofilia, para cargárselos y plantearlos desde un punto de vista totalmente nuevo y a la vez desgarrador: el de una madre que conoce mejor que nadie a su hijo, y que quiere lo mejor para él, o al menos lo menos malo. Y eso es algo que el resto de la sociedad rechaza pero que ella sabe que puede salvar a su hijo de ser un marginado para el resto de su vida. Qué dura la postura de esa madre (manteniendo el tipo frente a una Meryl Streep horrorizada) pero qué lucida también.

viernes, 6 de febrero de 2009

Otro ladrillo a escena


Es increíble como un mismo teatro, dependiendo de la obra, puede resultar otro diferente. Ayer fuimos a ver El dúo de la africana al mismo teatro en el que justo antes de Navidad vi ese Hamlet que tanto me gustó. Lo de ayer, sin embargo, rozó el patetismo. Terminé sintiéndome atrapado en la platea y sacando el periódico, que me puse a leer tan ricamente. Menudo tostón infumable: la historia, los actores, el planteamiento escénico; todo confluía en un desaguisado sin parangón. Hasta el punto de que el teatro me terminó pareciendo otro.

jueves, 5 de febrero de 2009

Películas condenadas al olvido


This property is comdemned es la peli que fui a ver el otro día a la Filmoteca, ese cine que me resisto a visitar demasiado, porque está lleno de tarados intelectualoides que te dan la tabarra en la cola antes de entrar a la sala y que después se soban en mitad de Ciudadano Kane. (Para colmo, muchos huelen mal; vayan y comprobarán que no les engaño.) Pero a lo que iba, la cinta está incluida en un ciclo de recuerdo a Sidney Pollack, y si no os suena es normal, porque la peli vale bien poquito. Según los créditos está basada en una pieza de acto único de Tennessee Williams, y eso se nota en la primera mitad de la peli, que está bastante bien. Los protas son un Robert Redford en su mejor momento (ideal si quieres olvidar la cara acartonada e hiperoperada que luce actualmente) y una Natalie Wood que hace de Liz Taylor, pero que también funciona. Lo malo es la segunda mitad del metraje, bastante nefasta, en la que a guionista y realizador se les va la olla hasta el punto de que el final más bien parece un parche improvisado, como si se les hubiera acabado el dinero para resolver la historia en condiciones. Normal que no haya trascendido, y una pena, pero aun así mereció la pena por esa primera mitad y por poder recuperar un cine que ya no se hace, sólo por dos euros cincuenta.

The Parent Trap, again



Después de tres años ensayando la madurez, en este revoltijo emocional en el que me hallo, me he vuelto a comer las uñas hasta el delirio y me he vuelto a tragar aquel clásico de mi infancia que hice alquilar a mis padres fin de semana tras fin de semana. Se trata de The Parent Trap, o Tú a Boston y yo a California (no confundir con el remake sindongo de los noventa, Tú a Londres y yo a California). Y vista de mayor, a mis treinta años, no deja de parecerme una cinta genial con una historia que me sigue apasionando. Ahora valoro otras cosas que en mi infancia, aunque las atisbara, no me daba por analizar: el perfecto engranaje del guión, la pulcra labor de gran artesano que tiene la realización, la música, tan de la época y tan emotiva, y esa manera de actuar de los actores, tan de los años 60, que me encanta, especialmente Maureen O´Hara que está deslumbrante con su pelo rojo como el fuego y unos ojos que traspasan la pantalla.

Lo intrascendente con ritmo pasa mejor


Valkiria es una peli intrascendente pero con mucho ritmo. No hay que buscarle más profundidad de la que tiene, porque ni siquiera su director, por lo que he leído, lo pretendía. No hay estudios psicológicos ni papeles de Oscar, pero sí está la factura impecable del mejor cine mainstream made in America y, lo que es más importante, la mano firme de Bryan Singer. Y con lo de que no hay papeles de Oscar no quiero decir que Tom Cruise lo haga mal. Al contrario, que el cienciólogo esté tarado no le impide ser buen actor. Lo hace muy bien, y para colmo, el cabrón, lisiado y todo como sale en la peli, parece que se haya quedado anclado en los treinta y pocos. Mal que les pese a muchas (y muchos), el tío está más joven incluso que Brad Pitt, al que últimamente se le notan más los retoques quirúrgicos.

jueves, 29 de enero de 2009

Inmersión en la chochi-literatura

Hace mucho que no hablo de libros, ¿verdad? Bueno, pues que no se diga que no he estado leyendo. Porque desde estas navidades hasta ahora me he tragado casi 3000 páginas de literatura de la mala, y lo fuerte es que no me he atragantado. Es más, me ha sentado muy pero que muy bien. Tampoco estaba la cosa como para finezas de alta alcurnia. Y estando como he estado bajo mínimos emocionales, es comprensible que me haya tirado al barro como lo he hecho.

El barro en sí, y mi tabla de salvación evasiva, han sido los cuatro libros de la saga Crepúsculo. Y sí, es verdad, si mi vida emocional no hubiera estado tan movidita, también habrían caído tarde o temprano. Los que leéis este blog sabéis que paso de lo sublime a lo vulgar con tremenda facilidad, y que además estos cuatro mamotretos, tratando de lo que tratan, y por muy mal escritos que estuvieran, me estaban llamando a gritos.

Porque mal escritos están, eso no lo dudéis. Otra cosa es que uno se dé cuenta de que la fórmula funciona, y que es normal que las quinceañeras se lean y relean estos libros. Más jevi es que lo haga yo, aunque prometa no releerlos.

Lo fuerte es que si comparo estos libros con otros bestsellers, como El código da Vinci, he de decir que al menos los de los vampiros son más honestos y bastante menos insultantes. Ha habido momentos de auténtico sonrojo, de dios mío lo que me estoy tragando, pero también otros momentos es lo que hasta me he emocionado. Con Dan Brown y sus misterios polémico-religiosos de mierda, me sentí insultado y ya está.

Lo poco bueno de los libros de los vampiros estaba al final de cada volumen. Porque además de estar mal escritos, los libros tienen una falta de ritmo bastante desesperante. En ninguno de ellos sucede nada interesante hasta el final. Con el primero, la excusa puede ser una supuesta pretensión de pausar la acción para centrarse en los sentimientos amorosos (los cuales Stephenie Meyer no sabe describir con gracia alguna, pero bueno). Con los otros, la excusa ya no colaba tanto. Aun así, había otras cosas a las que agarrarse.



Venga, libro por libro:

Crepúsculo es flojito. Fijáos que la película, que es mala, resulta ser mucho mejor. Y me imagino que lo mismo sucederá con las secuelas. Aun así, repito, la fórmula es magistral. Vampiros adolescentes y un instituto. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?

Luna nueva es el mejor libro de los cuatro. ¿Por qué? Porque la Meyer lo que hace es coger el argumento de Romeo y Julieta y adaptarlo a sus personajes, sólo que con el final feliz. Así cualquiera, porque a Shakespeare no hay quien se lo cargue. Además en Luna nueva surge el desamor (el vampiro Edward desaparece y deja a la prota, Bella, más tirada que una colilla). Este mal rollito es, narrativamente, como todo el mundo sabe, mucho más interesante. Por último, este desamor hace cuajar el trío amoroso con Jacob, que para colmo se descubre que es un hombre lobo. Vamos, que en este libro por lo menos pasan cosas.

Eclipse es el peor. No pasa nada. Absolutamente nada, hasta las últimas cien páginas. Y encima es el volumen que incluye más momentos de esos de vergüenza ajena, y donde la Meyer, que es mormona (sic.), escudada ya en el éxito, se permite incluir más moralina religiosa de una forma descarada. Cuando el vampiro Edward le pide a Bella no hacerlo hasta que estén casados, es el despiporre. Pero lo fuerte es que yo seguía leyendo.

Amanecer es el último de la saga y el más largo. Por lo visto muchos fans se decepcionaron con este libro. Creo que es porque aquí la autora se inventa unas tramas que rozan el delirio. Pero para mí eso es precisamente lo que hace que la historia vuelva a cobrar fuerza. Delirante es todo desde el principio, así que qué más da. Además en este cuarto volumen, la Meyer hace descansar un poquito de su función de narradora a la petarda de Bella, y le da la palabra a Jacob, el tercero en discordia de la historia, cosa que se agradece.

Pues eso, que mientras El Quijote sigue esperando en la estantería (o más exactamente en las cajas de mudanza), ya veis que no sólo me permito el lujo de leerme estos libritos de marras, sino que además voy y los critico en mi blog. Qué quieren, uno es humano (un humano muy muy petardo...).