jueves, 26 de febrero de 2009

¡Tiburón en la laguna!



Nunca me ha gustado la playa. A todas luces soy andaluz (no lo podría negar aunque quisiera) pero en realidad nací en Gandía, Valencia, y los cinco primeros años de mi vida los pasé en Ondara, un pueblo de Alicante a escasos kilómetros de la playa. Mi infancia está llena de recuerdos playeros, pero cuando a los cinco años mi familia se mudó al interior, no eché de menos el mar.

Hoy, la playa sigue sin apasionarme. No soy capaz de meterme en el agua hasta donde me cubre totalmente, y si estoy más de un minuto sin hacer pie, los acordes de John Williams empiezan a sonar en mi cabeza y tengo que salir disparado hasta la orilla. Por supuesto, del submarinismo ni oír hablar. Me da pánico.

Todo empezó viviendo en Sevilla y cuando mis padres se compraron por fin un vídeo VHS. Empezó mi cinefilia y me puse a grabar películas de tiburones como loco. La primera película con tiburón incluído que vi, sin embargo, fue en el cine. Se trataba de Tiburón 4, un pestiño considerable, pero que a mí me apasionó. La escena de la banana, en la que el tiburón le arranca una pierna de cuajo a una desdichada, me impactó sobremanera. Vista hoy, me parece de risa, pero a mí me cambió la vida. A partir de ahí empecé a grabarme todas las pelis con tiburón que echaban en la tele. Hoy sé que la mejor es la primera, la de Spielberg, pero yo por entonces no tenía criterio, y adelantaba las pelis hasta los momentos más sangrientos, que no podía dejar de mirar en la pantalla. Y fíjate tú que quizá sea la primera la que menos momentos de esos tenía, porque la valía de Spielberg está en cómo maneja la tensión, y en el insinuar más que en el enseñar directamente.



La escena de la banana. Jevi jevi!!

Tiburón 2 me encantaba. La historia de esos adolescentes rebeldes, malotes y follisqueadores a los que Dios castiga en forma de gran escualo me parecía total. Morbo puro.



En cuanto a la tercera parte, durante mucho tiempo tuve grabada una peli que yo creía que era Tiburón 3, pero que con el tiempo descubrí que era una pastiche italoamericano llamado L'último squalo, que aun así que yo me tragué tranquilamente miles de veces. Ahí va al escena final, en la que el prota mata al tiburón. Cutre cutre:



Más tarde pusieron en la tele la verdadera tercera parte: Jaws 3D, esto es, en tres dimensiones, las cuales en la pantalla de mi tele de finales de los 80, se veían bastante cutre, la verdad. Ahí va un remix cañero con las mejores escenas:



Muchos años después, vi en el cine la revisitación del tema por parte de Renny Harlim. En Deep Blue Sea los tiburones están modificados genéticamente, son más inteligentes y hasta saben abrir puertas (sic.). ¡Una peli genial! Lo mejor, la muerte de Samuel L. Jackson, en un momento autoparódico sencillamente sublime y al mismo tiempo acojonante.



Tantas pelis se han hecho sobre el tema (y casi todas malísimas), que casi se puede hablar de subgénero. Yo me he bajado gran parte de ellas de la red, y las he visto a cámara rápida, parando sólo en las partes de los ataques. Pero mientras espero que salga a la luz la peli MEG, que después de múltiples retrasos quizá ya nunca tome forma, siempre nos quedará esa gran primera incursión spielbergiana en el tema, que ahora, ya con un criterio formado, sí que sé apreciar en toda su magnitud.

La frase que da título a este post es uno de los gritos más terroríficos que se sueltan en ese Jaws de Spielberg. Una frase que me sigue poniendo los pelos de punta. El jefe Brody tiene ya la clara certeza de que un gran escualo amenaza las playas de Amity, pero nadie le hace caso. Prohíbe a su hijo bañarse en la playa, le pide que lo haga en la pequeña laguna, donde no sospecha que el tiburón pueda meterse. Hasta que una mujer grita: ¡Tiburón en la laguna! La música empieza a sonar y el jefe Brody salta a la carrera en busca de su hijo. En la escena no hay sangre, ni falta que hace, porque sólo así ya es acojonante.

1 comentario:

aididentquilmaiguaif dijo...

Ay, Dios mío, que mayores nos hemos hecho sin darnos cuenta. Ahora parece una actitud purista y casi de carrozas pedir que los héroes de las películas no sean modelos de Calvin Klein, que la música para crear tensión no tenga que recurrir a bases programadas de batería o que los planos tengan que durar más de 2 segundos. Qué trío formaban Brody, Hooper y Quint esos 40 min. finales en el barco aislados. Eso ya no es capaz de hacerlo ni el propio Spielberg. Y para colmo la versión del DVD ya no respeta ni el doblaje antiguo. Menos mal que aún me queda mi hiperrevantada cinta VHS para poder seguir oyendo, como siempre, ¡Tiburón en la lagunaaaa...!