viernes, 16 de octubre de 2009

Fedra, o el calentón fatal



El calentón de Fedra/Ana Belén en el último montaje de la obra que se ha hecho en Madrid es un calentón fatal. Fatal como lo son todas las tragedias griegas. Pero para mí también ha sido un calentón total, estupendo e incluso abrumador, porque rayaba en el delirio y porque a mí siempre me han encantado esas relaciones entre maduras interesantes y jóvencitos imberbes. No lo puedo evitar, es algo que me pone. Por eso la primera mitad de la obra ha sido para mí tan total. Cuando la tragedia de verdad se empieza a gestar, perdí algo del interés. Pero el final, en el que Fedra (espléndida Ana Belén) abraza a un Hipólito (viva Fran Perea!) destrozado y sangrante, pero aún (y ya para siempre) en la flor de la vida, ese final, les juro, me sublevó. Y la tragedia es lo de menos; lo que más me excitaba a mí era ese calentón que a Fedra y a Hipólito les persigue hasta en los estertores de la muerte.

Muerte y sexo. Sexo y muerte. Qué serían del uno sin el otro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues el Hipólito se habrá aprendido ya el papel y a lo mejor después de un año se ha enterado de lo que iba la obra, que yo la vi el año pasado en el festival de Mérida y, quitando a Anita que sufría mucho, allí nadie parecía haberse enterado de nada. Besos, Pepa

(...) dijo...

...Y qué sería de los espectáculos actuales sin ellos.