domingo, 20 de abril de 2008

En busca de la comedia romántica perfecta


Acabo de ver 8 citas, y no es que sea perfecta, pero para ser cine español me ha gustado bastante y por momentos hasta me ha tocado la fibra sensible. Es una especie de Love actually a la española, y eso sin desmerecer. Si os gustan las comedias románticas, id a verla.

Desde que a los quince añitos descubrí Cuando Harry encontró a Sally, toda mi vida ha sido una continua búsqueda de la comedia romántica perfecta, y sí, ya sé que hay mucha morralla en el género, pero qué queréis, a mí me gusta, y creo siempre preferiré una mala comedia romántica a una buena peli bélica, por poner un ejemplo. Pero que quede claro que eso no significa que en cuanto veo un beso en la pantalla se me anule el sentido crítico. Precisamente mi amor al género hace que me saquen de quicio esas cintas que tan poco respetan el género.

Bueno, ahí va una listita de pastelones que toda persona mínimamente sensible y sin complejos intelectualoides debería ver:

Cuando Harry encontró a Sally. Esencial. Muchos dirán que Woody Allen contó la misma historia, y mejor, en Manhattan o Annie Hall. Puede ser verdad, pero las de Allen tienen una carga intelectual que ya no las haría encajar tan bien en esta lista pasteloide.


Historias de Philadelphia. La comedia romántica primitiva. Hay que verla para después poder juzgar si las comedias románticas actuales son de verdad originales o no.

Desayuno con diamantes. Si estás harto de ver a la Hepburn colgada en las tiendas más trendies y las casas de tus amigos más modernos, ríndete y mira de una santa vez esta peli, que está genial: una comedia romántica en estado puro con glamour sesentero. ¡Y eso que según dicen en la novela de Capote la prota era puta! En la peli, claro, esto se dulcificó, y la crítica social es mucho más sutil (si no, no hubiera sido una comedia romántica como dios manda).


Algo para recordar. Muy bonita, pero le falta la profundidad que tenía Cuando Harry encontró a Sally. Yo la tenía en vídeo y siempre echaba para adelante las escenas de Tom Hanks y me quedaba con Meg Ryan, que por entonces era mi debilidad. Sus escenas con Rosie O’Donnell eran descacharrantes.


Olvidate de París. Billy Cristal tuvo aquí la feliz idea de plasmar lo que ocurre en todas esas historias de amor después del fundido a negro final. ¿Qué hay después del happily ever after? Esta peli con Debrah Winger se convierte en la anticomedia romántica, y no es que sea excesivamente destroyer, pero tiene algún que otro punto subversivo muy bueno.


French Kiss. Lawrence Kasdan es experto en construir buenos guiones, y por eso esta peli es tan buena, porque el guión maneja genialmente todos los ingredientes típicos de la comedia romántica para lucimiento de Kevin Kline y Meg Ryan, que después de esto, no ha hecho nada destacable (si acaso Kate & Leopold, pero para que ésta te guste tienes que tener, como yo, verdadera debilidad por las comedias románticas).


La boda de mi mejor amigo. Esta peli es genial porque oscila durante todo el metraje entre la comedia romántica tradicional y la película independiente, y aunque no lo parezca, al final gana la segunda. El duelo entre una consagrada Julia Roberts y una aspirante Cameron Díaz es mitológico (en la escena del ascensor, en que la rubia se come a la pelirroja). El momento del restaurante en el que todo el reparto canta I Say A Little Prayer es puro surrealismo, aunque ahora no nos parezca original. No hay que olvidar que fue esta peli la que inició esa moda según la cual toda comedia romántica debe tener por fuerza un número musical.


El cielo abierto. Romanticismo de barrio con toda la marca de Elvira Lindo, que tiene un arte tremendo para inventar personajes e historias que rezuman realidad sin dejar de hacerte soñar. Qué pena que ya no colabore con Albaladejo. A los dos, una vez separados, les ha dado por el drama (él con Rencor o Cachorro, ella con Una palabra tuya, que por cierto es un libro precioso).

Sobreviviré. Para mí las comedias románticas siempre han estado asociadas a Nueva York. Pero ésta me hizo ver que Madrid no está nada mal como escenario para los amores de película. Yo todavía no me había venido a vivir a la capital, pero ahora, siete años después, y a pesar de que el mítico Stars de la calle Infantas es ahora un Starbucks (una ironía con un sabor, por cierto, muy neoyorquino), confirmo que las calles de Madrid pueden ser de lo más romántico.


Sólo los tontos se enamoran. Qué mala, diréis. Tal vez. Yo sólo recuerdo que allá por 1997 o 98, mientras esperaba con mis palomitas tras la puerta de la sala del cine de Sevilla, el corazón me latía a toda prisa. Estaba deseando verla, seguro de que iba a disfrutar como un enano. Y lo peor de todo es que, una vez vista, no me decepcionó. Después me la topado alguna vez en la tele y me la he vuelto a tragar hipnotizado.


Mientras dormías. No es Nueva York, es Chicago (the windy city) que en Navidad tampoco está nada mal para montarse esta peli de tono melancólico con toques naranja y azulados y una parejita (Sandra Bullock y Bill Pullman) que son para comérselos.


Frankie y Johnny.
Es una comedia romántica, pero también un tratado precioso sobre la soledad en la gran ciudad. Recuerdo el plano del edificio por fuera y la cámara metiéndose por la ventana en la casa de la Pfeiffer, sola con su gato, tomándose la cena descongelada frente a la tele.


Mucho más que amigos.
Para algunos, un bodrio. A mí me encanta. No sé si es porque es muy de mi generación, con esas relaciones posmodernas de nueva hornada que tan bien retrata el epílogo de la peli.


Splash.
Amor, humor y escamas: las de la cola de Daryl Hannah (espectacular en la bañera).


Cuatro bodas y un funeral. Me gusta, aunque debo reconocer que no al nivel del resto de la gente, que suele adorarla. Será el toque inglés, que me descoloca. Mis detractores dirán que no la sé apreciar porque no sale Meg Ryan ni se ve el Empire State. Puede que sea verdad.


Love actually.
Más romanticismo con sabor british. La escena de los cartelitos es muy mona.


Mejor imposible.
Esta peli tiene momentos descacharrantes y el engranaje cómico / romántico funciona a la perfección. Lo único, el final: no me termino de creer a Helen Hunt enamorada tan rápidamente del maniaco de Nicholson.


Armas de mujer. Ese ferry de Staten Island es para mí mítico. Las calles de Nueva York, los años 80, los yuppies… todo es esta peli forma parte ya de mi imaginario más íntimo y particular.


El amor tiene dos caras.
La Streisand se lo monta muy pero que muy bien. Ver esta peli es como ver un clásico de los años 40 o 50, hasta que a la mitad del metraje Barbra se cambia el look y se pone petarda. Pero aun así sigue siendo muy divertida.


Un día inolvidable. Esa peli que ves una vez y que disfrutas, pero sin darte cuenta de que aunque parezca una comedieta más es un peliculón. Si no estás de acuerdo, prueba a verla otra vez. Te gustará aún más.


Bajo el sol de la Toscana. Se ve que está hecha sin pretensiones, hecha para ser una peli romántica más. Pero es que Diane Lane es mucha Diane Lane y la cinta con ella gana muchos puntos.


Sólo tú.
No es que me fascine, pero la meto en la lista porque creo que la he visto casi tantas veces como cualquiera de las otras. No sé por qué, pero hubo una época en que la ponían siempre en los autobuses y en los trenes en que viajaba. No tuve ningún problema en tragármela cada una de esas veces.


Encantada.
Lo último de la Disney en acción real va de subvertir los roles tradicionales de las pelis de princesas. Y funciona. Pero creo que sobre todo funciona porque los ingredientes de las comedias románticas de toda la vida están aquí mezclados muy bien.


El amor es lo que tiene. Un amigo dijo de esta peli que es el Cuando Harry encontró a Sally de esta década. No sé si será una exageración, pero es verdad que la peli es buena. Lástima que se desinfle al final (afortunadamente, muy muy al final).


Novio de alquiler.
Bastante floja, pero la pongo como ejemplo de que hasta con las malas como ésta he llegado a disfrutar y hasta emocionarme.


Cuando menos te lo esperas
y The holiday. Estas dos últimas las pongo como ejemplo de que tengo criterio y no me dejo engañar tan fácilmente, aunque así lo parezca. Las dos cintas tienen una factura impecable, pero son más malas que pegar a un padre. La primera es mala porque nadie se cree que Diane Keaton se termine quedando con Jack Nicholson en vez de con Keanu Reeves. El mensaje no podía ser más conservador: si eres vieja, tienes que echarte un novio viejo. Menos mal que la realidad hizo justicia y emparejó a Keaton con Reeves. La segunda es tan mala que a pesar de contar con Kate Winslet y Jude Law, ni la terminé de ver. Soporífera.

3 comentarios:

ai dident quil mai guaif dijo...

De alguna forma, estas películas son la otra cara de una misma moneda para mí: la cruz de Cuando Harry... sería El fugitivo; de Mientras dormías, Speed; de El cielo abierto, Abre los ojos, y así todas, una por una. Estas películas, que jamás hubiera visto de no ser por ti, evocan una época ya muy pasada a medio camino entre olvidable y entrañable, la época en que echábamos a cara o cruz si tocaba ese domingo Splash o Jungla de cristal. Perdón, Jungle of glass.

Felicis, en Madrid dijo...

Joder, esos domingos en que arañábamos los estertores del fin de semana, son ya míticos!

nerea dijo...

La comedia romática, ese gran género tan denostado... a mi me encanta.
Gracias por lo que has dicho de mí en el blog de Diana, eres adorable.